Circunscripciones especiales en Colombia: crecen en las votaciones al tiempo que expertos cuestionan el futuro de la representación, basados en lo sucedido durante el último periodo legislativo.
Tras las elecciones legislativas del 8 de marzo, destaca el aumento de la participación ciudadana a la hora de votar por las curules de la circunscripción especial de comunidades afrodescendientes a la Cámara de Representantes, con un total de 615.200 votantes, según el preconteo hecho por la Registraduría Nacional.
Desde 2014, la circunscripción afro ha pasado de aproximadamente 200 mil votos a más de 600 mil con base en documentos oficiales de dicha entidad y de la Misión de Observación Electoral (MOE). Ese crecimiento no ha sido lineal y no refleja necesariamente una representación política más consolidada.
En esta ocasión con 150.414 sufragios, la votación más alta registrada para la circunscripción la presenta el movimiento político ‘Libres’ que, con el apoyo del Consejo Comunitario El Naranjo, se queda con los dos escaños afro con voto no preferente o lista cerrada. En orden de inscripción, el primero es para el abogado Óscar Benavides y el segundo para la maestra Anyela Guanga, que superaron el umbral mínimo de votos que una lista, partido o candidatura necesita para acceder a una curul.
En contraste, el partido Demócrata Colombiano superó los 69.000 votos y el movimiento ‘Polo Polo’, con el Consejo Comunitario de la Gran Vía Los Remedios, obtuvo cerca de 43.000 votos. Se trata de las votaciones inmediatamente siguientes a los ganadores y, para el caso del segundo, uno de los acreedores de un escaño afro durante la legislatura 2022 – 2026.
El resultado evidencia una mayor movilización electoral y un reacomodo político en un espacio históricamente cuestionado por su legitimidad.
La voz de los territorios afro en la rama legislativa
Las curules afro llegaron al Congreso como un espacio en la Cámara de Representantes para garantizar la participación política de las comunidades negras, afrocolombianas, raizales y palenqueras. Su origen está ligado al reconocimiento de derechos colectivos impulsado por la Ley 70 de 1993. Estas curules buscan representar intereses territoriales y étnicos históricamente marginados, aunque su diseño permite que cualquier ciudadano vote por ellas.
Catalina Jiménez, historiadora con maestría en Estudios Latinoamericanos, nos explica que se trata de una expresión concreta de cómo la democracia busca ampliarse. Y que, aun así, en un sistema democrático no es suficiente con que todos puedan votar; también urge garantizar que distintas comunidades tengan representación real en los espacios de poder. Sin embargo, su efectividad depende de que logren conectar con las comunidades que representan y traducir sus demandas en decisiones públicas.
Valga señalar que los movimientos sociales han sido históricamente actores centrales en la ampliación de la democracia en Colombia. Muchas de las transformaciones políticas recientes no han surgido exclusivamente desde los partidos o las instituciones, sino desde procesos de movilización social que presionan al Estado para abrir nuevos espacios de participación y representación.
Estas acciones colectivas, señala la experta, muestran cómo las comunidades organizadas utilizan tanto la movilización territorial como la participación electoral, para incidir en la agenda pública nacional.
Dichos procesos también deben entenderse dentro de una tendencia amplia en América Latina. Durante la última década, distintos países de la región han vivido varios ciclos de protesta social que cuestionan la legitimidad de las instituciones políticas y exigen reformas estructurales.
Crisis de representación
«Desde siempre, ha existido la desconexión de los partidos. La gente confía más en las demás instituciones», comenta Magda Catalina Jiménez Jiménez, profesora e investigadora de la Universidad Externado de Colombia, en el análisis que nos dio sobre la coyuntura. También explica que hay diversos estudios sobre democracia en América Latina que muestran una desconexión creciente entre los partidos políticos tradicionales y la ciudadanía.
Los primeros, continúa, tienden a activarse principalmente en los momentos electorales, cuando buscan movilizar votantes, pero pierden presencia en los territorios una vez termina la contienda electoral. Esa dinámica genera la percepción de que la política institucional aparece para pedir el voto, pero no sostiene su intención.
Además, la participación electoral alrededor de estos espacios suele ser fluctuante. En algunos momentos puede aumentar significativamente debido a coyunturas políticas, liderazgos específicos o procesos de movilización social; en otros, disminuye cuando las comunidades perciben que la representación no logra traducirse en acciones concretas.
El representante electo Óscar David Benavides Angulo nos señala el incremento en la participación como un tema de pedagogía, ya que mucha gente anteriormente no sabía que existían estas curules y que las podían votar todos los colombianos. En sus palabras:
"Yo creo que más es un tema de conciencia y de identificación de esta curul, quienes nos abrazaron fueron los colombianos. Nosotros llamamos a un voto de la empatía a nivel nacional y el pueblo se expresó a través de ese voto y de pasó condenó las heridas que el señor Miguel Polo Polo había abierto".
Esta vez se puso en juego la posibilidad de que quien incida en la política afro reivindique a sus territorios. Al recordar el último periodo legislativo de Miguel Polo Polo, se abrió un debate entre los colombianos y especialmente al interior del movimiento afro sobre quiénes en realidad representan a las comunidades en el Congreso.
Cabe recordar que la pérdida de confianza se atribuye a su ausentismo en más de la mitad de las votaciones en el Congreso, según la congresista Esmeralda Hernández, quien denunció que el representante faltó 317 veces en las votaciones de la plenaria. Más aún, no consolidó una agenda legislativa clara centrada en demandas estructurales del territorio, de servicios básicos ni desarrollo local para la comunidad que representa.
A ello se suma el episodio simbólico de 2024, en el que retiró y arrojó a la basura unas botas instaladas por el colectivo MAFAPO (Madres de los Falsos Positivos de Colombia) y la Fundación Rinconesarte Internacional en la Plaza de Bolívar, obra que representaba las víctimas de ejecuciones extrajudiciales durante el conflicto armado. Se trató de un acto de revictimización dictado en la sentencia T-375 de 2025 hecha por la Corte Constitucional.
Volver al territorio
Óscar Benavides, líder social de Tangareal, Tumaco, insiste en una idea que resume tanto su campaña como su propuesta política: bajar la curul al territorio.
Propone escuchar a los consejos comunitarios, dialogar con organizaciones de base y reflejar esas demandas en iniciativas legislativas. «La curul no se creó para estar en un escritorio», plantea, sino para convertirse en un puente entre los territorios y el Congreso.
Por eso cuenta que en sus recorridos de campaña identificó tres urgencias que se repiten en distintas regiones del país: la falta de agua potable, dificultad en el acceso al sistema de salud y la ausencia de oportunidades para jóvenes. Problemas básicos, estructurales y que persisten como muestra de las brechas históricas que enfrentan.
«Cuando comunidades históricamente excluidas acceden a espacios de incidencia política suele emerger una agenda basada en derechos territoriales, acceso a servicios básicos y reconocimiento cultural. El foco está en temas como la autonomía local, el desarrollo comunitario y la protección de derechos colectivos», explica Magda Catalina Jiménez, quien, como investigadora, aborda democracia, movimientos sociales, participación política y representación.
Sin embargo, el aumento de votantes en las curules afro no resuelve el problema de fondo. Sí hay un reflejo de una mayor movilización política, aunque no deja intactas las tensiones sobre la representación simbólica y efectiva. Al final, esto no es un caso aislado, hace parte de una democracia en la que cada vez más ciudadanos sienten que los canales tradicionales no son suficientes.
Así mismo, las curules afro se ubican en un punto crítico, entre el ideal de inclusión y el riesgo de reproducir las mismas lógicas que se cuestionan.
Y es que el crecimiento electoral abre oportunidades y genera mayor exigencia. Después de décadas de reconocimiento legal y muchos debates sobre su legitimidad, hoy más que nunca el desarrollo del cargo exige la responsabilidad de la representación como transformaciones reales en los territorios y para las personas.