Nelson Ramírez, un soldado víctima de una mina antipersona en 2008, lidera el Club Héroes de Honor: un equipo de fútbol sala adaptado, conformado por militares y policías víctimas del conflicto armado, que ya ha beneficiado a más de 19.000 personas en Colombia.
En 2008, el Batallón de Sanidad de Bogotá albergaba a más de 300 soldados heridos en combate. Nelson Ramírez llegó allí con una amputación transtibial y encontró algo que lo marcó para siempre: compañeros sin brazos, sin piernas, con secuelas físicas y psiquiátricas profundas.
“El horror de las minas antipersonales es muy crudo”, recuerda. “Y aunque suene desgarrador decirlo, perder una pierna no era lo peor. Había personas en condiciones mucho más difíciles”.
Pero esa perspectiva no apareció de inmediato. Primero llegaron la negación, el alcohol y dos intentos de dejar este mundo. El síndrome del miembro fantasma lo despertaba en las madrugadas; gritaba mientras rascaba una sábana donde ya no estaba su pierna.
La herida también alcanzó a su familia.
Sus hijos (Santiago, Sara Nicole y Ana Gabriela) jugaban con muñecos a los que les quitaban sus partes para representar a su padre. “Ellos me veían como un héroe”, dice Nelson. “Pero entender que esto también los afecta a ellos es muy duro. Las minas dejan una afectación generacional”.
El fútbol y una cancha en Puente Aranda
La recuperación fue larga. Nelson retomó el deporte que había practicado desde joven (llegó a jugar microfútbol con la Selección Bogotá y estuvo cerca de la Selección Colombia) y encontró en el tenis de mesa una vía para reconstruirse.
La idea que cambiaría todo nació casi por accidente.
En 2012, un grupo de militares comenzó a reunirse en una cancha del Club de Oficiales de Puente Aranda para jugar fútbol usando sus prótesis. “Empezamos jugando por molestar, para pasar el tiempo”, recuerda Daniel Reyes, exsoldado profesional y uno de los fundadores. “Hasta que nos dimos cuenta de que sí podíamos hacerlo. Ahí nació la idea loca de crear un club”.
Así surgió el Club Héroes de Honor, considerado por sus integrantes como el primer club de fútbol sala del mundo adaptado para jugadores con prótesis. El avance de esta iniciativa fue tan grande que comenzaron compitiendo entre ellos, y ahora ya lo hacen frente a equipos convencionales.
Poco después se sumó Hugo Acosta, entrenador que había dirigido a Nelson años atrás. Él ayudó a convertir esa idea improvisada en un proyecto estructurado.
El deporte como herramienta de transformación
Doce años después, el Club Héroes de Honor es una organización legalmente constituida, con presencia en Bogotá, Soacha y varios municipios del país.
Su principal programa, Jugando Fútbol, Transformando Realidades, combina tres componentes: proyección del documental Con los pies en la tierra (finalista de los Premios India Catalina 2023), Charlas formativas y encuentros deportivos con jóvenes en contextos de riesgo.
Además, trabajan con la Secretaría Distrital de Educación en “entornos inspiradores”: espacios alrededor de colegios afectados por el consumo de sustancias y el reclutamiento forzado. “Les enseñamos resiliencia”, explica Reyes. “Muchos sienten que sus problemas son enormes, pero cuando ven historias de personas que perdieron una pierna y siguieron adelante, entienden que sí es posible levantarse”.
Miguel Ángel Sánchez, otro de los fundadores, lo resume así: “a muchas personas una discapacidad les hace pensar que la vida se acaba. Nosotros demostramos que no”.
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La deuda del Estado con sus propios soldados
El trabajo del club no se limita al deporte. Nelson también se convirtió en vocero de una causa más amplia: la de militares y policías víctimas del conflicto que sienten abandono estatal.
Aunque la Ley 1448 de 2011 reconoció a los integrantes de la Fuerza Pública como víctimas, Nelson considera que ese reconocimiento sigue siendo insuficiente. “Nos dejaron en una quinta categoría”, afirma. “Eso significa que no tenemos garantías claras de reparación”.
Por eso insiste en la necesidad de crear una oficina especializada para atender a esta población dentro del Ministerio de Defensa y la Dirección de Veteranos. Con ella, entiende, se lograría mayores avances y mejoras en el bienestar de las victimas.
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Es que, las cifras muestran la dimensión del problema. Según el Comando General de las Fuerzas Armadas, para 2025 había más de 506.000 integrantes de la Fuerza Pública víctimas del conflicto armado. Más de 7.400 fueron afectados por minas antipersonales.
A eso se suma lo documentado por la Comisión de la Verdad en el informe Soldados sin tierra: cerca de 440.000 hectáreas fueron despojadas a integrantes de la Fuerzas Militares y sus familias como consecuencia del conflicto.
“Nos toca luchar por todo”, dice Nelson. “Hacer protestas, presentar tutelas, derechos de petición. Pareciera que los militares, los policías y sus familias no existieran dentro del acuerdo de paz”.
Lo que viene
Pese al desgaste físico, emocional e institucional, el proyecto sigue creciendo. Este año esperan lanzar un libro con historias de militares víctimas de minas antipersonales y madres que perdieron a sus hijos en combate, en alianza con la Fundación Color y Esperanza por Nuestros Seres.
A largo plazo, sueñan con organizar un torneo nacional y, eventualmente, una Copa Mundial de fútbol sala adaptado. Hasta ahora, el club ha beneficiado a más de 19.000 niños y adolescentes y ha incorporado a más de 300 militares víctimas en procesos deportivos y sociales.
“Yo solo he movido las cosas desde el liderazgo”, dice Nelson. “El verdadero ADN de este club son ellos: los integrantes y sus familias. Ellos son la inspiración”, concluye.