Desde 2018, la Fundación Wayuuda ha implementado tres sistemas de bombeo que han abastecido con más de 46 mil litros diarios de agua a más de 10 mil personas del pueblo Wayúu, en la Media y Alta Guajira.
Lëmnec Tiller, ingeniero mecatrónico de la Universidad Autónoma de Bucaramanga (UNAB), santandereano de nacimiento con ascendencia Wayúu por su padre, tuvo la oportunidad desde niño de viajar anualmente a las rancherías de su familia, donde observó un entorno complejo. “Las comunidades de La Guajira han sido impactadas por factores negativos, como la corrupción, el analfabetismo, las muertes por desnutrición y la falta de acceso al agua”, afirma.
Según la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC), el pueblo Wayúu se ubica mayormente en el departamento de La Guajira, ocupando un área de 1.080.336 hectáreas. Para el 2022, informaba Superservicios, el 93.6% de los hogares presentaba privaciones asociadas con el trabajo informal; el 48.2 %, con la inadecuada eliminación de excretas; y el 50.2 % no contaba con acceso a fuente de agua mejorada.
Cabe recordar que en 2017, la Corte Constitucional de Colombia, a través de la sentencia T-302 de 2017, declaró el Estado de Cosas Inconstitucional, que denuncia un abandono histórico que se ha configurado en una violación masiva, generalizada y estructural de los derechos fundamentales del pueblo Wayúu.
Ante esta realidad, en 2016, Lëmnec inicia su proyecto Fundación Wayuuda junto con su madre Laura Avellaneda y su prima Dayana Arias, psicóloga de la Universidad Pontificia Bolivariana de Bucaramanga. “Dijimos: no nos vamos a quedar de brazos cruzados y desde nuestros ámbitos vamos a empoderar a las comunidades”, recuerda Tiller.

En sus primeros años brindaron servicios asistenciales, como la entrega de alimentos y agua embotellada, pero con el tiempo decidieron desistir de ese enfoque y buscar proyectos que desde la academia fortalecieran a las comunidades.
La escuela Majayütpana, que del wayuunaiki traduce ‘tierra de señoritas’, fue el primer proyecto que desarrollaron, donde buscaban “combatir el analfabetismo desde la academia y la escuela”, pues reconoce que muchos de los problemas que presenta La Guajira son generados por la falta de acceso a la educación.
En 2018, Tiller decide hacer su proyecto de grado enfocado en solucionar la falta de acceso al recurso hídrico en las comunidades Wayúu, ya que “pese a que el Cerrejón usa 17 millones de litros de agua cada día —extraídos del río Ranchería para regar las vías por las que transitan las volquetas, a fin de aplacar el polvo que levantan—, el consumo promedio diario de una persona en la Alta Guajira, según datos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), es de 0,7 litros de agua no tratada”, exponía Tiller en el documento del proyecto.

En el 2018, con el apoyo de la UNAB, se implementó un sistema automatizado de bombeo con energía solar en el territorio de Alakat, que históricamente había presentado problemas de acceso al agua, siendo los pozos rudimentarios y los jagüeyes, lagos artificiales donde se recolecta el agua lluvia, su única fuente de recurso hídrico.
Posterior a este primer sistema, se lograron consolidar dos sistemas más gracias al apoyo de la empresa privada en las comunidades de Majayütpana, con un pozo construido desde cero, que alcanzaba una profundidad de 20 metros; y en Irruwain, donde ya se encontraba construido un pozo de 30 metros, al cual se le instaló un sistema de bombeo.
La búsqueda del agua por parte de las comunidades Wayúu tiene toda una tradición rica en saberes. Lo logrado en los pozos de Majayütpana y Alakat es un ejemplo de ello, ya que las fuentes hídricas se ubicaron por medio de los sueños de las mujeres de la comunidad, que históricamente han sido las encargadas de encontrar el agua, logrando así un trabajo articulado entre la comunidad y la fundación.
Cada sistema se diseña con base en las condiciones de cada escenario; sin embargo, todos son desarrollados bajo el mismo principio:

Gracias a estos tres sistemas de abastecimiento hídrico se han logrado extraer más de 20 millones de litros de agua que han beneficiado a más de 10 mil personas desde el 2018, quienes han hecho un cambio significativo en su rutina, ya que en un pasado «tenían que caminar hasta 10 kilómetros bajo el sol, con temperaturas de hasta 44 °C, para encontrar el agua», rememora Tiller.

Lëmnec cuenta con más proyectos que busca desarrollar en las comunidades, como por ejemplo, un etnoturismo más amplio. A la fecha se han realizado 16 voluntariados en los que han participado más de mil personas, quienes visitaron las comunidades por máximo cuatro días, ya que manifiesta que el objetivo no es hacer un turismo invasivo.
Afirma que todos los proyectos se desarrollan de la mano con la comunidad, aunque reconoce que al principio fue bastante complicado: “El hecho de que un alijuna, persona ajena a la comunidad, llegue a poner un proyecto es complejo, pero es porque las mismas personas han llegado a aprovecharse de las comunidades indígenas. Tristemente, lo vemos cuando muchos diseñadores llegan a comprar artesanías a precio de huevo y van a vender esas artesanías en París, Cartagena, donde sea”, añade.
Actualmente, la fundación está en búsqueda de recursos para poder dar mantenimiento a los sistemas actuales e implementar más proyectos que beneficien a la comunidad Wayúu: “Hay 15 poblaciones identificadas a lo largo y ancho del desierto, con condiciones propias para desarrollar más de estos sistemas y proporcionar agua”, agrega.
El propósito de la Fundación Wayuuda es lograr que las comunidades sean autosostenibles, resignificando la vida de quienes ocupan el territorio, a través de estos sistemas que les permiten mejorar su relación con el mismo.