Este preuniversitario gratuito lucha por cerrar la brecha educativa en Cartagena

En la capital de Bolívar, la fundación ADOMI impulsa un modelo de emprendimiento social ofrece de servicios educativos a domicilio para conseguir que los cursos preuniversitarios y de preicfes lleguen a las poblaciones más vulnerables.

ADOMI nació con el propósito de acompañar a jóvenes de Cartagena y sus alrededores en su camino hacia la educación superior. Más que un preuniversitario, la fundación busca que los participantes tomen decisiones informadas y conscientes que orienten su proyecto de vida.

Según Juan David Martínez, director y fundador de la organización, la idea surgió cuando era profesor de comprensión lectora en una empresa que ofrecía cursos preuniversitarios. Un día, «15 jovencitas fueron humilladas por acercarse a preguntar por un descuento o beca». 

Ese momento, recuerda Martínez, «fue el que me dio la misión de mi vida; a los 23 años decidí ofrecerles un preuniversitario gratuito. Tremenda vaca loca, porque por más buena intención que tuviera, descubrí que hacer labor social cuesta plata».

Para financiar el proyecto, que inició en 2013, Martínez comenzó a dar clases particulares a domicilio con familias de estratos altos de la ciudad amurallada. Ese modelo se mantiene vigente a la fecha, y da origen al nombre ADOMI. También es el motivo por el que, con el tiempo, el equipo creció.

Hoy, son 15 docentes que atienden a cerca de 100 estudiantes por semestre. Les ofrecen un curso preuniversitario, formación en liderazgo y emprendimiento juvenil, el pago del PIN de inscripción a la Universidad de Cartagena, además de materiales de estudio, simulacros y cartillas.

Más que un preuniversitario

Los únicos momentos de la historia Adomi en que eso no ha sucedido son en el año 2020 y en el año 2025. | Foto: ADOMI

Una de las historias que refleja el impacto de ADOMI es la de Diana Mesa Porto, hoy profesional en Lingüística y Literatura y maestrante en Innovación y Tecnología para la Educación, quien conoció la fundación en 2015, cuando no sabía qué carrera elegir.

Aunque había obtenido el mejor puntaje de su colegio en las pruebas Icfes, sentía presión por parte de sus docentes y familiares: «Siempre me perfilaban hacia carreras que daban dinero, pero yo no me veía como médica ni abogada», recuerda.

En ese entonces, Diana decidió aplicar a Administración Industrial, carrera a la que, según dice, «afortunadamente no pasé». Durante ese semestre, comenzó a asistir cada sábado a ADOMI, donde descubrió su verdadera vocación: la literatura y la docencia. «Yo siempre fui profe, le explicaba a mis compañeros cuando no entendían a los profesores».

Reciprocidad a domicilio

A la fecha de publicación, ADOMI está cambiando sus oficinas por temas de seguridad, esperando ofrecer un mejor servicio a sus estudiantes.| Foto: ADOMI

Diana logró ingresar a la universidad y obtuvo el primer puesto, con lo que recibió una beca completa. Los recursos de la fundación destinados a ella fueron redirigidos a otro estudiante, y poco después inició su vida laboral como docente en la misma.

Para Martínez, esa cadena de apoyo resume el espíritu de ADOMI: «Más allá del modelo, lo importante es la correspondencia y la responsabilidad con el otro. A mí me ayudaron y, por eso, yo también tengo que ayudar a los demás».

No obstante, durante la pandemia la fundación enfrentó una de sus mayores crisis. «Si no puedes salir de casa y tu modelo es a domicilio, estás jodido», dice el director. Ese desafío llevó a una reinvención que fortaleció el proyecto.

La educación superior y la democracia desde el conocimiento

Cuenta el fundador que la iniciativa pasó de ofrecer clases particulares a establecer alianzas con fundaciones y empresas con interés social, lo que permitió financiar acompañamientos en zonas vulnerables. Uno de los resultados de esa transformación fue el proyecto «Barú a la U», que lleva orientación universitaria a jóvenes de la península.

Mesa fue una de dos docentes del piloto y destaca la relevancia de este trabajo: «Para muchos jóvenes que solo ven el turismo como salida laboral, estos espacios significan una oportunidad para imaginar otros futuros posibles”.

Hoy, como docente de la Universidad del Sinú, Mesa reflexiona que la educación puede entenderse en dos dimensiones: la económica y la democrática. En su opinión, «iniciativas como ADOMI no solo abren puertas al empleo, sino que transforman vidas desde el conocimiento y la posibilidad de decidir quién se quiere ser».

También le puede interesar: