Ríos Unidos: una forma de resistir frente a la violencia en Guapi

Entre manglares, ríos y selva, en el firme Chanzará se elaboran productos fitoterapéuticos que cargan una historia transmitida de generación en generación. Allí, las mujeres de Ríos Unidos, crean oportunidades en su propio territorio a partir de los saberes ancestrales que habitan en sus manos.

En el municipio de Guapi, el agua estructura el paisaje tropical y conecta los distintos asentamientos: desde los ríos Napí y San Francisco, que descienden lentamente hasta encontrarse con el Bajo Guapi. Un cauce, que entrelaza al Cauca y Nariño antes de desembocar en el océano Pacífico, también ha sido el escenario donde mujeres de un territorio profundamente marcado por el conflicto y la violencia decidieron tejer redes de apoyo junto a sus familias.

Apoyadas en los conocimientos tradicionales de sus comunidades —fortalecidos durante más de 25 años—, estas mujeres son hoy un ejemplo de resistencia. De allí surge la Empresa Comunitaria, Mujeres Rurales de Guapi, Ríos Unidos, integrada por 132 asociadas afrocolombianas, integradas en una docena de grupos que, como ellas mismas dicen, la han “sudado”, pero no desde el dolor, sino desde la alegría compartida. 

“No defendiendo a una compañera para que no la maltraten; hemos sudado de risa, de dicha, de cantos y versos, de todo lo que trata nuestra tradición”, destaca Eriberta Ángulo Caicedo, presidenta de la organización.

El firme Chanzará

Además de Productos Chanzará, Ríos Unidos tiene otros proyectos productivos, como un circuito ecoturístico que se desarrolla en tres estaciones (Guapi, Chanzará y La Pampa) y un proyecto del Fondo Retorno Solidario, que es un capital disponible para dinamizar sus actividades productivas. | Foto: Ríos Unidos

En ese contexto, la empresa ha trabajado por la seguridad alimentaria y económica de sus comunidades a través de distintas iniciativas, como un circuito turístico, un fondo de retorno solidario y su principal apuesta desde hace 15 años: los productos Chanzará, una línea de productos medicinales y cosméticos elaborados a partir de la transformación de plantas medicinales silvestres.

Al respecto, Luz Estella Grueso, vicepresidenta de la organización, explica: 

“Nosotros nos criamos en medio de la planta, porque, aunque somos del municipio de Guapi, vivimos en zona rural, bastante lejos del casco urbano. Allá no se ve médico ni enfermera; lo que se ve son las plantas”.

Ángulo complementa este relato recordando el legado de sus ancestros: 

“Nosotras mirábamos cómo el abuelo, cómo el papá curaba, con qué hierba curaban la reuma o el dolor. Entonces empezamos a cultivar esas plantas y luego nació la idea de transformarlas”.

Así periódicamente, las familias asociadas —distribuidas a lo largo de los tres ríos— se reúnen en el firme Chanzará, un espacio ubicado en la parte baja del territorio donde el conflicto no ha llegado y se sienten más seguras. Allí funciona el centro de transformación de plantas medicinales, donde utilizan recursos locales como citronela, anamucillo, anamu, albahaca, viche y aceite de coco para elaborar el Relajante Mágico, uno de sus productos más vendidos. Este contribuye a la descongestión nasal, actúa como analgésico y funciona también como repelente corporal y ambiental.

En la actualidad, la línea de fitoterapéuticos Chanzará ofrece 14 productos elaborados a partir de los saberes de la medicina ancestral de la región. Según Ángulo: 

“Nacieron de una forma muy pequeña, sembrando las plantas desde la raíz de nuestros ancestros, observando cómo ellos curaban con hierbas los distintos dolores”.

¿Qué quiere cosechar Ríos Unidos?

Las mujeres de Ríos Unidos han logrado organizar y reafirmar sus conocimientos, llevando sus productos a un nivel más estandarizado. | Foto: Ríos Unidos

Por una parte, estas raíces han dado como fruto todo lo que hoy representan sus productos Chanzará y su proyección a futuro. Un ejemplo de ello es Bernardo Sinisterra Grueso, hijo de la vicepresidenta, quien hace parte de una segunda generación que se ha integrado activamente a la empresa comunitaria, apoyando el trabajo de su madre y demas lideresas.

Estos jóvenes cumplen un rol de soporte y complemento frente a la primera generación. Según Sinisterra: 

“Como jóvenes estamos ahí para ayudarles con los cálculos, las hojas de Excel, los procedimientos, imprimirlos y apoyar en tareas como el pegado de etiquetas, que a ellas se les dificulta”.

Por otra parte, esta segunda generación ha logrado articular a la empresa con el sector académico, recibiendo formación profesional y vinculándose a procesos de investigaciones de instituciones como la Universidad Nacional y el SENA, que respaldan la efectividad y la fiabilidad de sus productos. 

Si bien Chanzará busca crecer como empresa, sus integrantes no conciben un desarrollo que implique perder el enfoque comunitario que le dio origen. No aspiran a una industrialización a gran escala, pues 

“Eso sería un concepto totalmente distinto por el que las mujeres han luchado y trabajado”, resalta Sinisterra.

Para las familias que hacen parte de Ríos Unidos, el éxito no se mide únicamente en ventas, sino en que cada consumidor reconozca el origen del producto, ademas del bienestar que le genera, quién lo elaboró y el saber que lo sustenta. Como concluye Sinisterra: 

“Cuando la persona vea el producto, reconozca que detrás de eso hay un saber que no solo portan estas mujeres, sino un saber ancestral que merece ser valorado y respetado”.

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