En colegios públicos de Barranquilla, estudiantes están transformando residuos en vida. Plantú convirtió el papel de un solo uso en una herramienta de educación ambiental, liderazgo y cambio social.
En Colombia se desperdician más de dos millones de toneladas de papel cada año y menos del 20 % se recicla adecuadamente. En los colegios, la cifra también es alarmante: se estima que anualmente se generan más de 200.000 toneladas de residuos de este tipo.
En medio de esa contradicción —desperdicio masivo y tala constante de árboles— nació Plantú. «Me pregunté qué pasaría si ese papel que normalmente se bota pudiera tener una segunda vida y, además, generar algo positivo para el planeta y para las personas», explica Steffany Vizcaino, fundadora del emprendimiento social y ambiental creado en Barranquilla en 2019. Para ella la respuesta fue clara: transformarlo.
Plantú recolecta papel de un solo uso, lo convierte en papel plantable con semillas de rúgula, zanahoria, tomate, lechuga, manzanilla y ají; y lo transforma en cuadernos, agendas, lápices y otros útiles escolares que, una vez cumplen su función, pueden sembrarse y convertirse en plantas, flores o incluso alimentos.
«Nuestro propósito es que el papel deje de ser basura y se convierta en algo vivo», afirma. Hoy, el impacto del proyecto va más allá del producto.
Educación que germina
La iniciativa entendió que la sostenibilidad no se construye únicamente con artículos ecológicos, sino con formación. Así nació Plantú School, un modelo de talleres vivenciales que lleva la economía circular a colegios públicos.
Más de 500 estudiantes en cuatro instituciones ya han participado. Allí no solo escuchan sobre reciclaje: recolectan el papel, entienden su impacto ambiental y luego reciben kits escolares elaborados con el mismo material que ayudaron a recuperar.
«Sin educación ambiental, el impacto sería momentáneo; con educación, se multiplica y se vuelve parte de la vida diaria de los estudiantes», señala Vizcaino.
En la Institución Educativa Villa de San Pablo, por ejemplo, el cambio ha sido evidente. Walter Fonseca Fuentes, tutor del programa de formación integral, explica que la experiencia ha trascendido las aulas.
«Lo hemos integrado a los contextos educativos. Hoy hablamos de formación integral y Plantú nos permite conectar la teoría con la práctica desde la conciencia ambiental y la economía circular», afirma.
Para ello, los estudiantes asumen el rol de «Eco Scouts», es decir, se convierten en líderes ambientales dentro de sus colegios. El aprendizaje se traduce en acciones concretas: separación adecuada de residuos, formulación de propuestas ambientales y réplica de buenas prácticas en sus hogares.
“Ha sido evidente un mayor compromiso con el uso racional de los residuos sólidos y la réplica de estas prácticas en sus familias. Eso es transferencia real del aprendizaje”, agrega Fonseca.
De la sorpresa al liderazgo
En los talleres hay una reacción que se repite: sorpresa. Muchos estudiantes nunca imaginaron que el papel que botan todos los días pudiera transformarse en una planta o incluso en alimento.
Ese descubrimiento cambia la relación con el residuo. Lo que antes era basura ahora es oportunidad. «Ellos entienden que fueron parte de la solución. Eso genera orgullo y fortalece su sentido de pertenencia», destaca Steffany.
Valga decir que Plantú, que estima haber reciclado más de 10.000 kg (10 toneladas) de papel, contribuyendo a disminuir la cantidad de residuos en colegios y oficinas, fomentando prácticas sostenibles, ha recibido al menos 10 reconocimientos a nivel local, como ganador del premio Imagina tu Ciuda’ en la categoría Ciudades Sostenibles e Incluyentes en 2019; nacional, en las convocatorias de Impact Hub y de Recon; e incluso internacionalmente con su participación en la sesión Youth Matters en el Foro Mundial de Alimentación de la FAO en Roma, Italia, en 2023 y el Premio UNESCO – Nestlé Impulso Joven.
Hoy, su meta no es solo crecer como emprendimiento, sino usar ese impacto ambiental, social y educativo para consolidar una cultura ambiental desde edades tempranas actualmente, el proyecto explora la transformación de otros residuos orgánicos y prototipa empaques germinables para productos de consumo cotidiano, ampliando el mensaje de que la economía circular puede integrarse a la vida diaria.
En un país que enfrenta enormes retos ambientales, la apuesta de Plantú demuestra que el cambio puede comenzar con algo tan simple como una hoja de papel, porque cuando no se desecha, sino que se planta, no solo germina una semilla, germina conciencia.