La Linterna: de la quiebra en Cali a conquistar Miami con arte

Lo que estuvo a punto de desaparecer como una imprenta en quiebra, es hoy un referente cultural que viaja por el mundo. Este taller caleño rescató máquinas del siglo XIX y convirtió la gráfica popular de la ciudad en un símbolo de memoria, identidad y arte.

En el barrio San Antonio, uno de los sectores más tradicionales de Cali, funciona el taller que conserva la historia de la ciudad. El sonido de máquinas antiguas, el olor a tinta y papel; y los carteles llenos de color revelan la esencia de La Linterna, una imprenta nacida en los años 30 y que se ha convertido en un símbolo de la gráfica popular colombiana.

A pesar de ese acervo, el proyecto casi desaparece. «En 2017 la imprenta estaba en quiebra y las máquinas estaban a punto de ser chatarrizadas», recuerda Fabián Villa, diseñador gráfico caleño y gestor de proyectos del taller, quien lleva nueve años trabajando en el proyecto.

Ante ese escenario, un grupo de diseñadores y artistas de la ciudad decidió aliarse a los maestros impresores para rescatar el oficio. «Nos reunimos para ver cómo podíamos sacar la imprenta adelante y comenzamos a crear una colectividad de artistas que colaboraron con el taller», explica Villa. 

Sumar talentos, innovar en los diseños, compartir saberes con el público, colaborar con artistas reconocidos, producir colecciones limitadas y presentarlo todo, con un lenguaje genuino, a través de redes sociales, llevó la historia de La Linterna a más colombianos que durante los últimos nueve años se han animado a visitar y comprar las piezas que producen. 

Ese proceso permitió reinventar el espacio: lo que antes era una imprenta comercial se transformó en un laboratorio artístico donde se producen carteles con técnicas tradicionales como la tipografía. Uno que hoy tiene sede en Bogotá y acaba de estrenar una más en Miami, Estados Unidos. 

Arte hecho con máquinas del siglo XIX

En estas prensas de 1870 no hay computadoras; se convive con el error para lograr una riqueza visual única en cada cartel.
Prensa tipográfica original del siglo XIX en el taller de La Linterna en Cali, donde se imprimen los carteles de forma 100 % manual. | Foto: cortesia La Linterna

Una de las particularidades de La Linterna es que sus carteles se imprimen en máquinas tipográficas fabricadas entre 1870 y 1890. El proceso es manual. Las piezas se crean a partir de grabados en linóleo o madera, que luego se utilizan como matrices para imprimir en las prensas antiguas. «No hay un computador configurando el color ni programas digitales manejando la máquina», explica Villa.

En el proceso se convive con el error, y eso les da una riqueza visual muy especial a las piezas: carteles de todos los tamaños que celebran y rescatan a todo color la idiosincrasia caleña y la colombiana. 

En una época dominada por la tecnología digital, el taller apuesta por preservar un oficio artesanal con más de un siglo de historia, demostrando que tradición y contemporaneidad pueden convivir.

Un estilo construido entre mucho artista

La estética de La Linterna, reconocida hoy dentro y fuera de Colombia, no pertenece a una sola persona. Su estilo se construyó gracias al aporte de los distintos artistas que han pasado por el taller. Allí, ilustradores, grabadores y diseñadores con diferentes técnicas han formado un ADN gráfico que hoy es reconocible gracias a su participación en espacios de talla nacional como la Feria del Libro de Bogotá o Anato.

Ese lenguaje visual mezcla influencias del cartelismo, el arte urbano y la gráfica popular latinoamericana. Con esos estilos suelen retratar personajes históricos, músicos o escenas de la vida cotidiana, con colores intensos y contrastes marcados que evocan el ambiente cultural del Pacífico colombiano.

Entre alistar moldes, tintas y diseños, los maestros de La Linterna pueden tardarse hasta 2 horas, previo a imprimir. | Foto: cortesia Nathalia Bedoya
Entre alistar moldes, tintas y diseños, los maestros de La Linterna pueden tardarse hasta 2 horas, previo a imprimir. | Foto: cortesia Nathalia Bedoya

Un taller abierto al público

Otra característica que ha definido el proyecto, desde su renovación hace nueve años, es su filosofía de puertas abiertas. A diferencia de otros espacios artísticos, cualquier visitante puede entrar al taller, observar el proceso de impresión, conversar con los maestros y entender todo el trabajo que hay detrás de cada pieza.

Ese modelo permitió preservar el conocimiento del oficio en un momento en que la transmisión de ese saber estaba a punto de romperse. Hoy se ha fortalecido y en el taller trabajan nuevas generaciones, incluidos hijos y nietos de los maestros impresores.

Con el tiempo, esa transformación comenzó a llamar la atención fuera del país. A partir de 2019, La Linterna empezó a realizar exposiciones y giras internacionales, visitando 14 países y más de 35 ciudades.

«No podemos negar que en Cali se han hecho cosas importantes culturalmente, pero muchas veces no sabemos documentarlas ni contarlas al mundo», señala Villa, insistiendo en el impacto del trabajo hecho durante la última década.

Aterrizar en Miami

Ese proceso de aprender a contar su historia, darle voz y un ADN propio llevó en 2025,  finalmente, a la apertura de una tienda y espacio cultural en Bogotá, pensado como una especie de embajada del proyecto. La experiencia, que a día de hoy se mantiene vigente en La Candelaria, con éxito, sumada a una exposición hecha en Miami en 2024, los alentó a inaugurar, en marzo de 2026, una tercera sede en el corazón de Florida.

Según John Quintero, director ejecutivo de La Linterna, la idea surgió al ver el interés que despertaba el taller entre turistas de Norteamérica y Europa. En ese momento se entendió que «la luz de la linterna» podía brillar en otros lugares del mundo.

Miami fue elegida por su carácter multicultural y su posición estratégica como puerta de entrada a Norteamérica, el Caribe y Europa. Era el lugar ideal para plantar bandera, un espacio donde «queremos que las personas puedan vivir la experiencia completa: el olor a tinta, a papel, la música de fondo. Una que no se encuentra fácilmente en estos tiempos tan digitales», afirma Quintero.

Un puente para la comunidad caleña

La llegada del proyecto también ha tenido un impacto entre los migrantes colombianos. La cantante caleña Natalie Candela, radicada en Miami, asegura que el espacio funciona como un punto de encuentro para quienes viven lejos de su ciudad: «Sentir que hay un pedacito de Cali aquí es una felicidad gigante», afirma.

Para muchos, el lugar representa una forma de reconectar con sus raíces. «Para quienes no pueden viajar constantemente a Colombia, espacios como este son una recarga de energía y una forma de no perder la memoria de nuestra cultura», continúa.

Durante la inauguración, Candela observó cómo familias caleñas explicaban a sus hijos el significado de cada uno de los carteles, transmitiendo esas historias a las nuevas generaciones.

Cambiando la narrativa sobre Colombia

Más allá de la venta de arte, el proyecto busca mostrar una imagen distinta del país. Para Villa, el arte gráfico puede contribuir significativamente a cambiar los estereotipos que existen sobre Colombia en el exterior. «Muchas veces, cuando dicen Colombia, la gente piensa en narcotráfico o en series de televisión», señala.

La Linterna, por su parte, apuesta por mostrar que «somos arte, música, cultura, color. Es Colombia».

La Linterna mantiene viva la memoria cultural de Cali a través del cartelismo tradicional. | Foto: cortesia Nathalia Bedoya

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