En el Día del río Bogotá vuelven las discusiones sobre contaminación, recuperación y restauración ecológica del principal afluente de la sabana. Mientras avanzan proyectos de saneamiento, comunidades, artistas e investigadores buscan reconstruir la relación cultural de la ciudad con el río.
El río Bogotá atraviesa 47 municipios y conecta ecosistemas como páramos, montañas, bosques y a la sabana. A lo largo de su recorrido se desarrollan actividades productivas que sostienen gran parte de la región central del país. Sin embargo, su deterioro también refleja el impacto que el modelo urbano y cultural a ocasionado en la relación de la ciudad con el agua durante décadas.
Es que, de acuerdo con la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR), como consecuencia de la tala de árboles, las captaciones ilegales de agua, los residuos domésticos e industriales y la insuficiencia de plantas de tratamiento, el río Bogotá es hoy uno de los principales símbolos de contaminación hídrica en Colombia.
Pero este deterioro no solo responde a factores ambientales, también existe una ruptura cultural y social entre la ciudad y el río. La directora y curadora de entre—ríos, Lisa Blackmore, sostiene que, durante décadas, el río Bogotá fue percibido como un espacio residual e invisible dentro del desarrollo urbano, lo que debilita la relación cotidiana de las comunidades con la cuenca y facilita su abandono.
Desde esa mirada, la recuperación del río requiere saneamiento e infraestructura, y a su vez reconstruir vínculos colectivos, memoria ambiental y nuevas formas de habitar el territorio alrededor del agua. «Cuando abandonamos un lugar, deja de existir en nuestro imaginario cultural», explica Blackmore. En ese sentido, para la investigadora, la desconexión con el río también es una crisis hidrosocial que transformó al Bogotá en un cuerpo de agua ausente dentro de la vida pública.
Impacto ambiental y pérdida de ecosistemas
Las consecuencias ambientales que sufre el Bogotá se extienden más allá del cauce principal. Según reporta el Instituto Humboldt, cerca del 95 % de la transformación de los humedales en Colombia está relacionada con la expansión de la ganadería y la agricultura en territorios históricamente afectados por la deforestación.
Debido a la conexión entre estos ecosistemas, la alteración de los humedales impacta directamente el sistema hídrico del río. La entidad expone que, en cuerpos de agua como la laguna de Fúquene, Cucunubá y Palacio, así como parte del lago de Tota, las áreas inundables han sido desecadas hasta conservar apenas el 1 % de su extensión original.
El daño también ha afectado la biodiversidad. Un informe de la Universidad de Ciencias Aplicadas y Ambientales señala que especies emblemáticas como el pez capitán (Eremophilus mutisii), fundamental para comunidades ribereñas, han disminuido drásticamente debido a la degradación del ecosistema.
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Por todo ello, para Blackmore, comprender esta crisis también implica entender la relación metabólica entre las personas y el río. Desde proyectos de investigación colectiva realizados con comunidades en huertas ribereñas, entre—ríos, desde el proyecto de Río Bogotá, ha explorado cómo la alimentación, la memoria y los ecosistemas están conectados.
Allá, los saberes agrícolas, las cocinas y las historias locales funcionan como formas de conocimiento ambiental que rara vez aparecen en las discusiones institucionales sobre saneamiento.
Infraestructura y restauración
Desde el ámbito institucional, el proceso de recuperación tomó fuerza con la sentencia del Consejo de Estado de 2014, que ordenó acciones concretas para descontaminar la cuenca y articular distintas entidades públicas.
Entre las principales obras se encuentran la ampliación de plantas de tratamiento de aguas residuales como la PTAR Salitre, la futura PTAR Canoas, la adecuación hidráulica de la cuenca y la recuperación de zonas inundables para prevenir desbordamientos.
A esto se suma el trabajo de la CAR, que impulsa procesos de restauración ecológica en la cuenca media. Según la entidad, ya se consolidaron 116 hectáreas de áreas multifuncionales en Soacha, Bosa y Engativá, con más de 68 mil árboles nativos sembrados, recuperación de humedales y construcción de biofiltros naturales.
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Sin embargo, expertos y comunidades coinciden en que el saneamiento no depende únicamente de infraestructura y tecnología. “Hay una tendencia a pensar que esto lo van a resolver los ingenieros, pero también es un problema de cómo nos relacionamos con el río”, reitera Blackmore. Cuidarlo es el resultado de procesos colaborativos donde intervienen comunidades, científicos, artistas y habitantes de la cuenca.
En ese proceso, la investigación cultural y artística también ha permitido visibilizar experiencias comunitarias que suelen quedar fuera de los grandes relatos sobre recuperación ambiental. Por ejemplo, en lugares como El Charquito, en Soacha, colectivos locales continúan restaurando humedales vecinos al río y defendiendo ecosistemas estratégicos, incluso en medio del deterioro. Allí, el trabajo comunitario demuestra cómo pequeñas acciones locales pueden convertirse en formas concretas de recuperación ecológica y social.
Arte, memoria y nuevas narrativas del río
Esa idea define el trabajo de Entre—ríos, una plataforma colaborativa sobre cuerpos de agua, que desde el 2023 recorre el río Bogotá, desde su nacimiento hasta el Salto del Tequendama, con su proyecto «Río Bogotá«, articulando procesos de restauración, educación ambiental y gobernanza comunitaria alrededor del agua. En medio de las discusiones sobre saneamiento y recuperación ecológica, la iniciativa busca reconstruir la relación histórica entre las comunidades y el afluente; una conexión fragmentada durante décadas por la contaminación y el abandono institucional.
A través de encuentros como Piquete del Río y Convites de Río, artistas, científicos, líderes ambientales y habitantes de la cuenca comparten experiencias y construyen nuevas narrativas alrededor del rio. «Intentamos crear espacios de encuentro y reforzar ese reencuentro con él como algo que nos teje en común», explica la docente, Lisa Blackmore.
¿Cómo es la curaduría que cuida al rio Bogotá?
En Río Bogotá, la curaduría es una herramienta para recuperar vínculos sociales y afectivos con el agua. El arte funciona como una forma de activar conversación pública y cuestionar la idea del río como una «causa perdida. «El arte nos ayuda a suspender ideas que ya no nos sirven. Si repetimos que el río está muerto, renunciamos a imaginar algo distinto», sostiene la investigadora.
La plataforma aspira demostrar que el arte también permite acercarse al río desde la experiencia sensible y colectiva. En varios de los encuentros organizados por entre—ríos, científicos, estudiantes, comunidades y abogados participan en ejercicios donde el agua se convierte en un espacio común de diálogo. En ese entorno, la investigación artística funciona como una herramienta para construir memoria ambiental y volver a integrar el río dentro de la vida cotidiana.
En síntesis, la recuperación del río Bogotá hoy se mueve entre megaproyectos de saneamiento, restauración ecológica y procesos comunitarios que buscan devolverle un lugar en la vida cotidiana de la ciudad. Descontaminarlo es vital, pero también volver a relacionarse con él.