Con ropa para juguetes, este emprendimiento manizaleño conquista 3 continentes

David Valencia creó Martidoll en 2016. Esta multinacional colombiana especializada en confección para juguetes, es hoy un referente mundial en la industria de artículos para niños.

David Valencia, diseñador industrial de 34 años, terminaba en 2015, en Manizales, un posgrado en mercadeo internacional, además, cuenta, “trabajaba para una empresa especializada en publicidad y también para una textilería”, esto último con el propósito de financiar su formación. Para graduarse debía exponer un proyecto en el que pusiera en práctica todo lo que había aprendido en el año y medio de estudio.  

Él no sabía muy bien lo que quería hacer, tenía algunas ideas vagas sobre emprender con productos agrícolas o industriales, pues en esa zona del país es muy común que la tierra de una gran variedad de cultivos, como frutas, verduras o tubérculos. 

En una de las clases finales, el docente, al ver que David no daba con una buena propuesta, le dijo: «piense en la alternativa más loca que pueda imaginar, en lo más demente que se le venga a la cabeza y trabajemos sobre eso».

Entre tanto, por esos días, Valencia quería darle un buen obsequio de cumpleaños a su sobrina, Martina. «Ella quería mucho a una muñeca que tenía sus accesorios muy desgastados, y creí que si le confeccionaba un bolsito para ese juguete podría regalárselo y, a su vez, presentarlo al profesor como mi trabajo final, matando dos pájaros de un solo tiro. Mi gran oferta era exportar ropa, pero no cualquier ropa, serían prendas para muñecos, algo totalmente excéntrico».  

Así, convencido de esa «ocurrencia», como él dice, David Valencia buscó información relacionada al mercado, consiguió estadísticas de ventas, datos sobre márgenes de rentabilidad y comercio exterior de artículos para niños. Con esos insumos, diseñó el prototipo y su esposa, Milena Candamil, le ayudó con la manufactura. Finalmente consolidó y entregó su plan de negocios y se graduó sin inconvenientes. 

Nace Martidoll

Manos cosiendo Maquina de coser Martidoll
Todos los artículos que confecciona Martidoll son hechos a mano por artesanas del departamento. | Foto: cortesía - David Valencia

Transcurrido algún tiempo desde su graduación, luego de una agotadora jornada laboral, Valencia reflexionó sobre aquella «loca idea» y concluyó que tal vez no era tan descabellada. «Me dije: ¿qué tal si esto tiene futuro? A mi me quedó sonando el tema y comencé a mandar correos ofreciendo mis servicios a nombre de Martidoll (distinción en honor a su sobrina) a fabricantes en todo el planeta. Envié unos 2.500, el primero el 11 de noviembre de 2015, lo recuerdo muy bien», cuenta.  

Pasó cerca de cuatro meses remitiendo solicitudes a empresas multinacionales que encontró en internet, sin recibir respuesta. Bordeaba el final de marzo de 2016, cuando una noche de sábado, en realidad madrugada de domingo, él se levantó y encendió su computador, un poco por inercia, otro tanto por no poder conciliar el sueño. 

Entonces, nostálgico, leyó algunas de las solicitudes de presentación de su portafolio enviadas, no obstante, se percató de algo que no había visto: un mensaje en la bandeja de spam, contrariado, lo abrió. Era un correo electrónico de Alba Ludwich, una comerciante de Canadá que tenía una pequeña tienda de variedades en Quebec. En la misiva le pedía una muestra de un saco para una «muñequita vaquera» de 100 centímetros de alto con el fin de verificar la calidad de la indumentaria. 

Valencia tuvo que despertar a su esposa al no dar crédito de lo que veía. De inmediato, a las tres de la mañana, con su apoyo, y según las indicaciones que le dio Alba, diseñaron ese primer pedido; «confeccionarlo nos valió $50.000 y nos demoramos varios días en hacerlo», recuerda. A Ludwich le encantó lo que recibió y realizó un pedido por muchas unidades más. Tras ello, semanas después, Lammily, una compañía estadounidense especializada en elementos infantiles, también contrató a Martidoll. 

Crece Martidoll

Confeccionadora colombiana de ropa para juguetes Martidoll
Johana Gómez, costurera, fue premiada este año con un viaje con todo pago, para ella y su familia, a Cartagena. Esto como parte de la cultura de cuidado del personal que David Valencia tiene estipulada para la empresa. | Foto: cortesía - David Valencia

La misión que David Valencia, su esposa y su equipo empezaron aquellos años no era nada fácil. En Colombia, de acuerdo con el DANE, en el segundo semestre del 2015, las exportaciones del sector de juguetería disminuyeron en 19,9% y en total para el año, el envió general de mercancías de todas las industrias al exterior cayó en 35% respecto del periodo anterior

Eso lo sabía muy bien el diseñador industrial. Aún así, decidió creer en su naciente empresa, renunció a los empleos que tenía para meterse de lleno en ella y meses más adelante obtuvo financiación del Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA)

«Muy felices salimos a buscar un local para arrendarlo, porque la operación ya era mayor, pero cuando fuimos a reclamar el primer desembolso para pagarlo, nos informaron que el dinero nos llegaría hasta pasados seis meses de firmar el convenio, en consecuencia, nos tocó asumir el costo total del alquiler durante toda esa época. Afortunadamente ya teníamos cierto lugar en el mercado y comenzamos a facturar más, vivimos con lo justo, pero salimos a flote», explica.  

Ahora bien, la dificultad había aumentado y era momento de buscar más clientes, porque como reza el dicho empresarial: «la caja no da espera». Con eso en mente, David viajó a Estados Unidos a inicios del 2018, para participar en la Toy Fair en Nueva York, la convención más importante de la industria de juguetes a nivel mundial. «En este tipo de eventos el país casi no tiene presencia, somos muy pocos los colombianos que participamos», dice. 

Finalizando ese encuentro, en el día de cierre, Valencia iba saliendo del recinto cuando un presentimiento lo tomó por sorpresa. «Ya me iba y, no sé, algo me hizo devolver, saque fuerzas para un último recorrido; ya estaba cansado de caminar todo ese centro de convenciones sin cerrar ningún trato. Fue entonces cuando la ví, en un stand chiquitico con muñequitos, y me acerqué y le dije: buenas tardes, soy el representante legal de Martidoll».  

Se trataba de la directora de Healthy Roots Dolls, Yelitza Jean-Charles, una proveedora que suministra a Walmart (la multinacional en retail más grande del mundo) artículos y juegos para niños. 

— ¡Hola!, yo soy quien le fabrica a Lammily la ropa y los accesorios para sus juguetes, somos de Colombia, mira: esto es lo que hacemos.— le dijo Valencia en medio del bullicio de las más de 5.000 personas que asistieron a la feria ese año. 

— ¿Lammily, en serio? ¡Yo amo a Lammily, es mi inspiración, por ella emprendí! ¡No puedo creer que tú seas el que hace esa ropita tan linda!– le respondió ella.  

«Yelitza también estaba empezando y tenía unos recursos que le dio el Estado Americano para invertir en lo que quisiera. Hicimos un acuerdo inicial por 400 piezas, luego por 6.000 y finalmente nos encargó 32.000 unidades más, ahí definitivamente despegamos», relata Valencia.  

Con amor y convicción hacía el futuro

Empresa colombiana de ropa para juguetes Martidoll
Milena Candamil y David Valencia. | Foto: cortesía - David Valencia

Hoy, siete años después, Martidoll opera en un nuevo taller de confección en la zona industrial de la capital caldense. Desde allí, David, su esposa y sus 13 colaboradores exportan a Sudáfrica, Francia, Estados Unidos e Inglaterra más de cien mil ejemplares sacos, vestidos, pantalones, maletas, pañoletas, bufandas y zapatos para juguetes al año. También están participando en un proceso de licitación para ser proveedores directos de Walmart. Él asegura que lo van a lograr, «tenemos estándares internacionales y lo hacemos todo con amor, ese amor que Martina le tenía a su muñeca». 

Por esa razón, en parte, el negocio sigue creciendo. Este año fue seleccionado por Manizales Más, un programa de la Fundación Luker que impulsa el desarrollo de emprendimientos locales, proyecto con el que espera incrementar su producción y llegar a más clientes en otros países. 

Todo esto es posible porque aquel diseñador industrial no deja de soñar y de imaginar (y de revisar el correo de SPAM), lo que demuestra que hasta las más locas ideas, muchas veces, resultan muy cuerdas en la mente correcta

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