“A mí una médica negra no me va a atender”: así nació la Asociación Colombiana de Mujeres Médicas Afrodescendientes (ACMMA) en Colombia

Esta organización sin ánimo de lucro, creada en 2019 por ocho médicas, es la primera y única asociación de mujeres médicas afrodescendientes en Colombia. Hoy reúne a 108 asociadas en todo el país y trabaja por consolidar el primer centro de investigación en salud para comunidades afro.

«A mí una médica mujer negra no me va a atender», le contó una colega a Claudia Lorena Guerrero cierto día de 2019, sobre un paciente que se había negado a entrar a su consultorio. Con algo de resignación, como quien ya está acostumbrada, sumó esa historia a la montaña de relatos enmarcados en la exclusión y el racismo que atraviesan las profesionales de la salud afrodescendientes en el país.

Ella lo sabe bien. Es pediatra con especialización en neonatología, trabaja en la Fundación Valle de Lili en Cali (donde también es instructora del Hospital Padrino) y coordina la primera unidad de cuidado intensivo neonatal de la costa pacífica nariñense, en Tumaco, que este año cumplió su primer año de funcionamiento. Tiene 46 años y dice, con orgullo, pertenecer a la comunidad afro. «Soy de las pocas médicas especialistas que se mete al territorio, que entra hasta allá. Yo tengo historias que me han marcado, que la gente en la ciudad no las vive y que yo creo ni piensan que existen».

Guerrero siempre quiso escribir un libro con todo lo que ha vivido como mujer negra del Pacífico, pero reconoce que la escritura no es lo suyo. Hacia finales de 2019, su amigo Yeison Arcadio Meneses, hoy embajador de Colombia en Etiopía, le propuso escribir un texto para la columna que él redactaba en la revista Vive Afro, hoy desaparecida. Claudia aceptó, sin saber que ese texto, titulado «Del sueño a la realidad, ser mujer negra y médica en el Pacífico colombiano», daría origen a la Asociación Colombiana de Mujeres Médicas Afrodescendientes (ACMMA), la primera y hasta hoy única organización de este tipo en el país.

Nace la ACMMA

Asociación Colombiana de Mujeres Médicas Afrodescendientes (ACMMA)
La foto que dio origen a la asociación. I Foto: Asociación Colombiana de Mujeres Médicas Afrodescendientes (ACMMA)

Había material para contar buenas historias. ¿Por cuánto puede haber pasado una médica afrodescendiente que trabaja en la Colombia profunda? Por mucho. ¿Y ocho médicas? Por mucho más. Eso pensó Guerrero mientras escribía con Meneses, y decidió que valía la pena darle voz a más doctoras que, como ella, habían vivido y sentido el territorio desde su labor. Tomó el teléfono y convocó a un grupo de colegas repartidas por el país y por fuera de él: Gina Marcela Valencia Riascos, Tatiana Cuero Rodríguez, Gisel Salazar, Eva María Quiñones Ibarguen, Luisa María Amaya Salazar, Sandra Lorena Mina Mañunga y Tatiana Hinestroza Riascos. Juntas sumaron ocho.

«Había una radióloga intervencionista, una otorrino, traumatólogas, ortopedistas y anestesiólogas», recuerda. Algunas vivían fuera del país; aun así, todas aceptaron la invitación, escribieron sus historias de vida y viajaron a Cali por cuenta propia (algunas aprovechando el viaje para visitar a su familia) para tomarse una fotografía con un fotógrafo especializado en retrato afro. El Hospital Universitario del Valle les facilitó la locación. Hubo maquillaje, producción, ensayo. «Fue todo un montaje», recuerda la Dra. Guerrero.

La publicación fue muy popular, pero la sorpresa no fue del todo grata: algo en el fondo las conmovió y las empujó a tomar acción.

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«Nosotros sí sabíamos que eso iba a impactar, pero no pensamos que tanto, ahí ni siquiera se nos había ocurrido asociarnos. Salió la foto y fue viral en redes, nosotras veíamos que las niñas la colocaban de perfil. O sea, es triste ver cómo la sociedad se asombra de ver que las mujeres negras estamos en este tipo de ocupaciones. Pero eso fue lo que causó: ver este grupo de mujeres negras empoderadas ocupando estos cargos, vimos que somos como un referente, sin proponérnoslos, para las niñas», afirma Guerrero.

Ese sentimiento fue el que la llevó, junto con un grupo de colegas a crear la ACMMA: un espacio seguro donde las profesionales afro de la salud, que atraviesan situaciones similares, pudieran compartirlas, capacitarse y ampliar su incidencia en los territorios. Cuando investigaron, encontraron una sola organización comparable en el mundo, en Estados Unidos, mucho más grande y con respaldo estatal, que se convirtió en su referente. «Ellos nos llevan años luz, pero ahí vamos creciendo», sostiene Claudia Guerrero, presidente de la asociación. 

La ACMMA en acción

Asociación Colombiana de Mujeres Médicas Afrodescendientes (ACMMA)
Reunión de la asociación en diciembre de 2020. I Foto: Asociación Colombiana de Mujeres Médicas Afrodescendientes (ACMMA)

Los primeros meses de trabajo fueron de organización, de consolidación de estatutos y de planeación de una página web. «Como los médicos trabajamos por turnos, no tenemos una persona dedicada solo a esto», explica la presidente, sobre el reto de sostener la iniciativa mientras cada una ejerce su profesión. Estando en esas actividades, llegó la pandemia, en marzo de 2020. «Fue una época muy difícil para todos», afirma Ana Isabel Castillo, médica especialista en Radiología e Imágenes Diagnósticas, oriunda de Tumaco, un municipio que, aunque pertenece a Nariño, queda a seis horas de Pasto, su punto de acceso más cercano a centros de atención, quien se unió al grupo hacia 2021.

La labor de la ACMMA fue vital para la región del Pacífico, una de las más golpeadas por la pandemia: según el DANE, el Valle del Cauca concentró el 10 % de las muertes confirmadas por COVID-19 en el país hasta enero de ese año.

«Cada una estaba en su territorio: yo trabajaba en las UCI de Buenaventura y de Valle de Lili, ahí me tocó ser primera línea de la pandemia. Y mis compañeras que estaban en los territorios también eran primera línea, entonces siempre nos apoyábamos», recuerda Guerrero.

Hicieron campañas para recolectar insumos sanitarios y hacerlos llegar a los lugares más apartados, el propio Tumaco, Mosquera, Quibdó, donde la ayuda oficial podía demorar meses. En total, calculan haber gestionado cerca de 3.000 donaciones entre tapabocas, guantes y otros elementos de bioseguridad. También hicieron campañas de cuidado por redes sociales y prestaron servicios de telemedicina, no solo para pacientes, sino para colegas ubicadas en regiones donde acceder a hospitales no era fácil.

Mirando al futuro

Asociación Colombiana de Mujeres Médicas Afrodescendientes (ACMMA)
Durante el 66 Congreso Nacional SCCOT, se desarrolló el 1 Encuentro Nacional de Mujeres Ortopedistas, el cual fue liderado por la Dra. Tatiana Quiñonez, perteneciente a la asociación, I Foto:

Esa experiencia les dejó muchas enseñanzas, pero quizá la principal fue darse cuenta de que la información en salud sobre las comunidades afro del país está mal administrada: hay poca indagación y, en síntesis, no existe un acervo que permita diseñar planes precisos para atender a esta población.

Por eso hoy trabajan en lo que sería el primer centro de investigación en salud para comunidades afrodescendientes del país. «La idea es, a través de la investigación, poder generar políticas públicas y conseguir ayudas para nuestros territorios. Estamos muy enfocados en el Pacífico porque casi todas somos de acá, pero tenemos personas en la costa atlántica, en Cartagena, tenemos médicas hasta en San Andrés. El plan es expandirnos y crecer», dice Guerrero, quien este año entra a estudiar epidemiología en la ICESI para liderar ese proceso.

De igual manera, admite que le gustaría ampliar la oferta de la organización para que sirva como plataforma de formación para estudiantes de últimos semestres. Por lo pronto, solo admiten profesionales ya graduadas, pues no cuentan con la capacidad instalada para acompañar procesos formativos.

Paralelamente, desde aquellos meses difíciles, han organizado foros, talleres y encuentros anuales donde se capacitan mutuamente. Una de sus integrantes, la vicepresidenta de la asociación, cursó una maestría en la Universidad de los Andes gracias, en parte, a pertenecer a la ACMMA. «Me gusta porque yo nací aquí, me formé en mi primaria, en mi secundaria, y anteriormente sufríamos de muchas dificultades para el acceso a ciertos servicios. Entonces, es bonito poder brindar esta oportunidad en la región«, sostiene Castillo.

Aun con ese balance, para la Dra. Ana el reto pendiente es otro: que el Estado y la academia les den un reconocimiento proporcional a su trabajo. «Queremos que haya un mayor impacto en el gobierno o en la academia… que haya mayor apoyo, así como apoyan a las asociaciones indígenas, a las asociaciones propiamente afrodescendientes. Eso sí pedimos», dice.

Así, entre colegas lejanas y cercanas, ya sea por teléfono o por internet, en encuentros o charlas, las 108 médicas que hoy pertenecen a la Asociación Colombiana de Mujeres Médicas Afrodescendientes siguen recibiendo pacientes, salvando vidas y ayudándose entre sí, con la convicción de que lo que hacen no solo cambia la forma en que la sociedad las percibe, sino que mejora el bienestar de quienes están lejos, de los que muchas veces no existen para las grandes ciudades.

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