Investigadores de la Universidad Javeriana diseñaron un instrumento que mejora los procedimientos de incautación de aguardiente ilegal. Hoy, entidades como la Gobernación de Cundinamarca lo usan para combatir la venta ilegal de ese licor.
Consumir licor adulterado tiene graves consecuencias para el bienestar humano. De acuerdo con el Ministerio de Salud, ingerir este tipo de bebidas puede ocasionar daños al sistema nervioso, visión borrosa, ceguera, dificultad respiratoria, estado de coma y hasta la muerte.
Sin ir muy lejos, sólo en octubre de 2025 Colombia fue testigo de una tragedia cuando 15 personas fallecieron, y 54 más resultaron intoxicadas, en Barranquilla por tomar trago ilegal. Se trata de un delito que viene creciendo: el tráfico de licores alterados. Según cifras de Invamer, La Federación Nacional de Departamentos y la Universidad EAFIT, de cada 100 botellas que se venden, 24 provienen del contrabando, y de ese segmento, 11 corresponden a alcohol fraudulento.
Aunque la cifra es precisa, encontrar esas botellas, sacarlas de circulación antes de que sean consumidas y detener a quienes las producen y las comercializan no es una labor sencilla. Muchas de las incautaciones que realizan administraciones departamentales con apoyo de la Policía Nacional dependen de procedimientos manuales, adelantados por un perito que visualmente da un dictamen de probabilidad: si resulta ser alta, el material va a un laboratorio a confirmación técnica en un plazo de hasta 20 días.
Hoy, y como suele suceder con muchas otras situaciones, la tecnología se perfila como un aliado clave para transformar el panorama. Para este, en particular, el protagonista es un dispositivo hecho en Colombia.
Luz y fotónica para resolver el problema
¿Cómo hacer más ágil y vinculante el proceso de incautación? Esto se lo preguntó en 2021 el equipo de Daniel Felipe Torres, ingeniero químico y coordinador del Laboratorio de Rentas de la Gobernación de Cundinamarca, cuando salió al mundo a buscar respuestas. En esa indagación encontraron un método implementado en países como Ecuador para determinar la autenticidad del vino; o en Escocia, para encontrar whisky modificado: la espectroscopia óptica.
Se trata de una técnica de la fotónica (ciencia y tecnología de la generación, control, manipulación y detección de fotones y radiación electromagnética) que estudia la interacción de la luz (radiación electromagnética, desde el ultravioleta hasta el infrarrojo) con la materia para determinar propiedades físicas, químicas y estructurales.
Es que, de acuerdo con Torres, cada licor tiene un «código de color único», que facilita identificar, mediante pruebas de luz ultravioleta, si una sustancia es similar, igual o diferente a la muestra original. Se trata, añade, de una prueba de autenticidad util en el campo de la investigación policial.
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Sin embargo, implementar dicha herramienta es costoso. Según Juan Carlos Salcedo, doctor en Ciencias en la Especialidad de Física de la Universidad Javeriana, «un equipo que realice esas funciones tiene un precio de entre ochocientos mil y un millón de dólares», sin contar, afirma el experto, «con que el servicio post venta es demorado, los repuestos difíciles de conseguir y además, vienen con una programación genérica; es decir, no existe en el mercado un aparato como esos que diga si un aguardiente es falso o no».
Precisamente él y su grupo de trabajo, integrado por Henry Alberto Méndez Pinzón y Luis Camilo Jiménez Borrego se dieron a la tarea de idear una solución que se ajustará a las necesidades de la entidad y, específicamente, al licor insignia del país.
«Decidimos participar en una convocatoria que hicieron. Como teníamos experiencia diseñando espectroscopios ópticos con varios rangos de lectura, les ofrecimos una alternativa tecnológica que no solamente suplía sus requerimientos, también era portátil y un 90 % más barata que los modelos internacionales», explica el experto.
¿Cómo funciona el dispositivo para detectar licor adulterado?
El instrumento creado por Salcedo y su equipo toma una muestra de líquido mediante una jeringa. Esta es llevada a una cámara de receptáculos de cuarzo en donde es sometida a un haz de luz (ultravioleta) que emite una reacción. Posteriormente, esta información es analizada por un software, alimentado previamente con una base de datos con las referencias del color del aguardiente regional, que arroja en pantalla un resultado en términos de porcentaje.
Si el material se asemeja en un 1 % o menos al del registro inicial, quiere decir que es auténtico; en caso contrario, se considera que es falso. «Con esto las autoridades ya tienen una prueba que les permite dar un soporte científico a sus investigaciones», explica Salcedo.
Cuenta Torres que, desde su implementación en 2021 y hasta 2025, el dispositivo le ha permitido a las autoridades realizar más de 250 incautaciones; el 91 % efectivas. En otras palabras, fueron cerca de 227.000 botellas sacadas del mercado. «Solo de 2024 a 2025 fueron 34.000 las unidades que recogimos. Hoy en día apenas nos toma unos minutos proceder con los trámites jurídicos. Antes esos operativos podrían tardar semanas».
Valga recordar que el licor es un producto con impuestos que, además, recaudados por las gobernaciones departamentales. Posteriormente dichas administraciones deben invertir ese dinero en temas de salud pública y deporte que beneficien a la ciudadanía.
El equipo del ingeniero químico continúa su lucha contra el tráfico de mercancías y evasión fiscal. El año pasado consiguieron un aval internacional para su laboratorio de control de licor adulterado, con la evaluación del Ensayo de Aptitud e Interlaboratorio 2025, de la empresa británica LGC, una certificadora líder mundial en ciencias biológicas, que confirmó el cumplimiento de estándares nacionales e internacionales en la medición de grados alcoholimetricos de los productos que audita la Gobernación de Cundinamarca.
«Con este desarrollo podemos acreditar que los niveles de alcohol de los fabricantes cumplen con lo registrado en sus razones sociales, esto asegura que los impuestos que pagan sean tasados sobre una base real», concluye Daniel Torres.