Kalma Escuela: arte y salud mental para transformar la juventud rural en Tuta, Boyacá

En la vereda Río de Piedras, de ese municipio, esta iniciativa construyó un espacio de arte y salud emocional para repeler el silencio, la baja autoestima y la falta de oportunidades en el campo.

Esta escuela se ha convertido en un espacio alternativo que ofrece arte, salud emocional y acompañamiento familiar para niños y jóvenes rurales, en una región donde hablar de emociones aún tiene una carga de tabú.

Es que, la salud mental juvenil en Boyacá enfrenta un panorama crítico, entre otras cosas a causa de la dispersión geográfica, la violencia intrafamiliar y el alto consumo de sustancias psicoactivas. El Sistema Nacional de Vigilancia en Salud Pública (SIVIGILA) reportó 23.044 intentos de suicidio entre enero y agosto de 2024 a nivel nacional, evidenciando una alta incidencia de conductas suicidas en poblacion joven.  Aunque no existe un consolidado anual público único para Boyacá, reportes territoriales indican que el departamento presentó 700 casos  durante el mismo periodo. 

Paralelamente, el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses reportó 1.352 muertes por suicidio entre enero y junio de 2025; 35 de ellas corresponden al departamento de Boyacá,  evidenciando la urgencia de fortalecer estrategias de prevención, atención en salud mental e intervenciones comunitarias en el territorio.

Aunque existen estrategias como los Centros Amigables para Adolescentes, la Línea 106 y unidades móviles rurales, las brechas persisten, especialmente en zonas dispersas.

En ese contexto surge Kalma Escuela, un proyecto de la Fundación Mixera que desde hace diez años trabaja en salud emocional en colegios públicos del país. Tras múltiples intervenciones en territorios rurales, la organización decidió crear su propio espacio, construido en junio de 2025 con donaciones y apoyo comunitario.

La iniciativa, señalan desde la misma, no reemplaza la educación formal, solo busca complementar vacíos históricos: educación socioemocional, acceso a la cultura y espacios seguros para expresarse. «Los jóvenes rurales tienen realidades distintas. Asumen roles de adulto desde muy pequeños y casi no tienen espacios para ser jóvenes», afirma al respecto Viviana Garzón Ramírez, directora de la escuela. El proyecto responde justamente a esa falta de escucha y a un entorno donde, asegura, la ansiedad, la depresión y el consumo de sustancias van en aumento.

Transforma vida e impacta historias.
Se llega a pensar que es un día común, cuando en realidad es un día donde se cambia e impacta la vida de 50 niños, niñas y adolescentes rurales de la vereda Río de Piedras, por sesión. | Foto: cortesía Kalma Escuela

Así funciona Kalma Escuela

Su herramienta central es La Ruta del Kamaleón, un programa que combina un libro-diario de autoexpresión con actividades artísticas y acompañamiento a docentes y mentores.

El proceso inicia desde el autoconocimiento: identificar emociones, trabajar la autoestima y reconocer el valor propio. Luego se aborda la relación con los pares y la familia, bajo la premisa de que no existe transformación comunitaria sin transformación personal.

La fundación mide su impacto con evaluaciones cualitativas y cuantitativas, incluyendo escalas de autoestima aplicadas antes y después del proceso. Más allá de los datos, los cambios también se reflejan en las dinámicas cotidianas: niños que al inicio evitaban hablar ahora participan, proponen ideas y piden regresar a las actividades.

«Que lleguen voluntariamente y se sientan escuchados ya marca una diferencia», señala Garzón, añadiendo que en el momento trabajan con 50 niños, niñas y jóvenes del municipio.

La Ruta del Kamaleón, es un libro-diario para el autoconocimiento, la expresión emocional y el fortalecimiento familar en comunidades rurales. | Foto: cortesía Kalma Escuela

A diferencia de un colegio tradicional, Kalma Escuela no funciona con materias ni calificaciones. Es un espacio abierto de jueves a domingo, de 2:00 a 5:00 p.m., donde el centro es el bienestar emocional, la expresión artística y el fortalecimiento familiar.

Hoy, se consolida como respuesta viva y transformadora al impactar a más de 200 niños y jóvenes, tejiendo puentes entre artistas internacionales, formadores y organizaciones locales.

Cambiar el miedo desde el uso de la voz

Por razones éticas, la fundación protege las identidades de los menores con los que trabaja; no obstante, aseguran que muchos de ellos, que llegaron con silencio, timidez o baja autoestima, hoy encuentran en la creación musical y de manualidades una forma de nombrar lo que sienten.

De ahí el nombre del programa, Camaleón, símbolo de cambio y de la posibilidad de mostrar nuevos colores cuando el miedo cede y la palabra encuentra un lugar seguro.

En una ruralidad donde el relato dominante suele asociar juventud con trabajo precoz y pocas oportunidades, Kalma Escuela busca modificar la narrativa: ser joven en el campo también puede significar crear, expresar y proyectarse. Temas que ya se ven en exposiciones organizadas para mostrar los trabajos de los jóvenes a la comunidad a la que pertencen.

Aun así, la situación de la salud mental rural sigue siendo desafiante. Boyacá ha desplegado unidades móviles para llevar atención psicológica a zonas dispersas; sin embargo, la distancia entre centros poblados, el envejecimiento de la población rural y la falta de articulación comunitaria siguen dificultando un acceso pleno a estos servicios.

Más que un proyecto, una apuesta cultural

En ese ecosistema, Kalma Escuela no pretende reemplazar las soluciones estructurales que el territorio demanda, pero sí marca un ruta posible: la de dignificar la vida juvenil, demostrando que incluso en escenarios de carencia, es posible sembrar espacios de refugio, asi como herramientas para reconstruir y proyectar un futuro distinto.

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