Juana Lotero López, directora, cuenta cómo nació la cinta que retrata la dificultad de crecer en un territorio rural chocoano marcado por el machismo. Más allá de sus múltiples premios, la producción visibiliza una realidad que atraviesan gran parte de los territorios del país.
Saliendo de la Poza de Amalia, en el corregimiento de San Francisco de Asís (San Pacho), en el municipio de Acandí, Caribe chocoano, Juana Lotero y su equipo se encontraron con un grupo de seis niños, entre ellos había solo una mujer: Yulieth Castañeda. Jugaban a la guerra con guayabas: las semillas iban y venían, y las risas también. Intuitivamente, cuenta Lotero, grabaron ese momento con un celular que tenían a la mano, sin saber que ese encuentro casual terminaría marcando los siguientes seis años de su vida.
Tiempo después, al revisar ese material, le surgió un sentimiento de admiración: esos niños sabían pescar y sobrevivir en la selva pese a su corta edad, unas habilidades que para los citadinos, dice Lotero, «se vuelven algo lejano, algo maravilloso». Ahí, relata, empezó a intuir que había una película posible.
Pero eso no fue lo que más le llamó la atención, sino la forma en que estos niños se comunicaban entre ellos en medio de ese exuberante paisaje de selva húmeda y agua dulce cristalina. Encontró ahí una violencia de género marcada, tan naturalizada que se colaba en su lenguaje cotidiano. Se lo dijeron desde el primer día: «si yo fuera millonario, yo tendría una moto, un carro, un avión y me consigo una mujer».
Niña Chilapa
La idea inicial de Lotero era producir una ficción sobre migración, pero al ver que la realidad frente a sus ojos era más poderosa que cualquier guion, decidió contar una historia real, una que le permitiera retratar la cotidianidad de las mujeres colombianas en contextos complejos.
Volvió entonces a buscar a Yulieth y, entre 2021 y 2023, cuando la niña tenía entre 11 y 13 años, la siguió de cerca junto a Daniel Sánchez, coproductor, director de fotografía y montajista, con quien conformó, durante buena parte del rodaje, todo el equipo de filmación.
De eso se trata Niña Chilapa, de la transición de una joven hacia la adolescencia, combinando la belleza natural de la región con la hostilidad del machismo y el impacto del embarazo temprano en las adolescentes. «Qué interesante ver qué va a suceder en la vida de esta niña, que en este momento está jugando con sus hermanos de par a par», pensó la directora.
→Más noticias sobre cine colombiano:
En ese sentido, la narrativa se aleja de la línea de tiempo tradicional y fluye como el agua, elemento vital en la vida de la protagonista. El filme muestra a una Yulieth que sueña con ser doctora y estudiar, mientras su futuro se ve alterado por la maternidad temprana, a los 13 años, y las imposiciones de género de su entorno.
Este fragmento de la vida de ella resulta atrayente, impactante y conmovedor, pero Lotero es consciente de que no se trata de romantizar las condiciones de vida de poblaciones con poca o nula presencia del Estado, sino de evidenciar que ese ejemplo, lejos de ser la excepción, bien (¿o mal?) podría ser la norma.
Es que, de acuerdo con la Universidad Javeriana, entre 2008 y 2024 en Colombia se registraron 94.146 nacimientos de niñas de 10 a 14 años, y en el rango de 15 a 19 años la cifra asciende a 2.155.779; según ConsultorSalud, estas cifras representan el 15 % de todos los partos del país.
No obstante, a pesar de que la natalidad general en Colombia sigue en caída (4,5 % menos en 2025 frente a 2024, según el DANE), el embarazo adolescente continúa siendo, advierte UNICEF, un fenómeno que limita las oportunidades de desarrollo de las mujeres, aumenta su vulnerabilidad frente a las violencias, incrementa la deserción escolar y pone en riesgo su salud física y emocional.
«La escena final del corto, cuando está hablando con el novio y él le dice: ‘de acá no sale ninguna (mujer), tú vas a tener que esperar 19 años hasta que crezca ese bebé (para ser doctora)‘, es muy dura, es muy tesa. Eso es realmente lo que piensa; es alguien que está siendo un poco más consciente de que la realidad que la atraviesa es muy difícil», explica la directora.
¿Cuándo apagar la cámara?
Uno de los mayores desafíos al hacer un documental, explica Lotero, es decidir qué puede o no ir a la pantalla. En este caso, dice que nunca sintió que debía apagar la cámara. «Nosotros siempre buscamos la realidad», aunque respetaron los temas que Yulieth prefería no tocar. «Nunca evidenciamos nada que fuera terrible. Creo que todo está muy dentro de los marcos de lo que puede suceder en una familia colombiana: situaciones donde los hermanos pelean, situaciones de castigo, cosas así», asegura.
Aun así, el alto contenido humano que alcanzan historias como la de ella hace inevitable que quienes las observan sientan el impulso de intervenir. Y es que, al preguntarle por el momento más difícil y emocional de todo el proceso, Lotero no duda: enterarse del embarazo de la protagonista.
El rodaje, entre idas y venidas del equipo, se extendió durante seis años, así que esa noticia llegó a la mitad del camino. «La mamá es la que me cuenta que quedó embarazada y me pregunta que cuándo voy a ir. Yo en ese momento estaba en Cuba y decía: no, ya no tiene sentido seguir filmando. Este proyecto está muy difícil», recuerda. Pero, como a sus personajes, esa realidad también la superó: era necesario terminar lo que habían empezado.
La historia crece y pronto será un largometraje
Al reto emocional de producir esta historia se sumó el monetario. Por esos días, confiesa Lotero, los recursos eran escasos y no había financiación para seguir adelante, un factor que casi frena la grabación.
Por fortuna, no fue así: Lotero y Sánchez ganaron una convocatoria para productores nacionales del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico (FDC), un impulso que los animó a continuar.
Además, gracias a esos recursos ampliaron la capacidad de producción y ahora trabajan en Muchachita Chilapa, el largometraje documental que expande el universo alrededor de Yulieth, incluidas su madre; Yessica, su amiga y su abuela. Actualmente la cinta está en etapa de posproducción y ya fue premiada con el American Documentary durante el espacio de industria Cannes Docs del Marché du Film en el Festival de Cine de Cannes.
La belleza humana en la historia
Entre tanto, Niña Chilapa sigue en gira de festivales y, según su directora, le está yendo muy bien. Y no es para menos: el corto se alzó con el Premio Americana del Festival Internacional de Cortometrajes de Saguenay (REGARD), en Canadá, galardón que distingue a cineastas emergentes del continente.
También fue reconocido como Mejor Cortometraje Nacional en la Muestra Internacional Documental de Bogotá 2025 (MIDBO) y, en la edición 64 de los Premios India Catalina, celebrados en el marco del Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias (FICCI), como Mejor Cortometraje Colombiano.
A esta última ceremonia asistió Yulieth, invitada por la organización. «Le dije: quédate tú con la India, quédate tú con la estatuilla. Al final era una forma de devolverle un poquito de lo que ella nos ha dado, que ha sido mucho: la posibilidad de abrirnos las puertas de su hogar, de su vida, de permitirnos retratarla. Es un agradecimiento infinito«, cuenta Lotero.
Porque, más allá del contexto que atraviesa, Yulieth no deja de ser una niña: una que vive una realidad compleja, pero no por eso menos inocente. En Cartagena, desde que vio la estatuilla, se enamoró de ella.
Esa escena, que bien podría terminar en el largometraje por su carga emocional, resume el espíritu con el que Lotero se acerca a sus personajes, pues busca «resaltar la belleza que existe en esa contradicción, en esa humanidad» que, según ella, habitan por igual personas de cualquier condición socioeconómica que enfrentan las mismas violencias silenciosas.
Por lo pronto, habrá que esperar al próximo año para conocer más de la vida de Yulieth, de sus hermanos y de su contexto. Un universo tan lejano como cotidiano, que invita a pensar en las “múltiples colombias” que conviven entre sí.