Una de las escuelas más sostenibles de América Latina se encuentra en Popayán

Ubicada dentro de una reserva natural de alta importancia ecosistémica, la Escuela Amalaka se ha convertido en un referente internacional en materia de educación para la conservación.

La Institución Educativa Técnica Agroambiental Granja Escuela Amalaka es la única escuela ubicada dentro de una reserva natural en Colombia. Fue construida, con el mismo nombre de la institución, hace casi treinta años a las afueras de Popayán, Cauca, por Ana María Frankhauser. 

La pedagoga suiza encontró en aquel terreno, además de un espacio con el potencial ecológico para ser restaurado, un lugar ideal para comenzar a hablar de educación y sostenibilidad.

Frankhauser recuerda que todo inició con una serie de talleres no formales que dictaba en el lugar, convertido inicialmente en una granja. Enseñaba a los niños a, por ejemplo, ordeñar, cultivar en huertas y hacer manualidades. 

En ese entonces, sin embargo, la comunidad no entendía del todo la importancia de hablar de conceptos como cuidado ambiental, cambio climático y sostenibilidad dentro de los procesos formativos:

“Muchas personas se reían y pensaban que esto no tenía validez. Me preguntaban que para qué hablaba de cultivar o sembrar un árbol”, comenta la fundadora. 

En 2023, la escuela ganó el Premio Internacional de Escuelas Sostenibles organizado por la OEI y Santillana recibiendo, así, el título como la escuela más sostenible de América Latina.

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Este galardón es la más reciente muestra de la relevancia de la institución dentro de las poblaciones rurales del departamento. Además, los reafirma como un caso de éxito en materia de transformación de la educación. A fin de cuentas, demuestra que existe más de un modelo educativo viable en el territorio nacional:

“Las escuelas exigen cosas que no son propias de los niños, como estar sentados, encerrados y en silencio. Nosotros trabajamos para resignificar la experiencia pedagógica, que estudiar deje de ser aburrido. Ojalá Colombia tuviera muchas más escuelas dentro de las reservas naturales. En un país tan biodiverso, todas las escuelas deberían trabajar la parte medioambiental no como una cátedra, sino como algo transversal”, comenta Frankhauser.

"La educación debe fomentar el bienestar y la felicidad"

Actualmente, Amalaka cuenta con alrededor de 60 estudiantes vinculados desde preescolar hasta grado once. Cuando se gradúan reciben el título de bachilleres técnicos con especialidad agroambiental

Sus planes educativos se basan en la Pedagogía Freinet, que defiende una educación autónoma, práctica y participativa:

“El conocimiento es integrado y está en el exterior, en las experiencias. Está en lo que los estudiantes pueden vivir (…) Nosotros partimos de la práctica. Queremos que ellos sientan esa libertad y conexión con el territorio y la naturaleza”, explica Luis Angel Hormaza, actual rector. 

Se trata de un enfoque que, entre otras cosas, ha permitido el registro en la reserva de 185 especies de aves y 17 de serpientes, así como del venado de cola blanca y la rana de cristal, vulnerable a la extinción, por parte de estudiantes e investigadores visitantes.

Cuando aún contaban con apoyo para otorgar becas, la escuela llegó a tener 170 estudiantes. / Foto: tomada de @amalaka_escuela
En sus inicios, muchos de los niños y jóvenes matriculados eran víctimas del conflicto armado. / Foto: tomada de @amalaka_escuela

Para fomentar este tipo de pedagogía, la escuela, más allá de asignaturas, propone educar a través de proyectos que mezclan diferentes disciplinas, donde los estudiantes aplican sus conocimientos de forma inmediata. 

El docente explica que, por ejemplo, reciben formación sobre el aprovechamiento de residuos, conservación del agua, comportamiento de las especies que habitan la reserva natural, abono de la tierra, entre otros temas. 

“La educación no tiene que ser algo aburrido, sino algo que nos de bienestar y felicidad (….) Para la construcción social y subjetiva de un niño y joven, una reserva natural es un lugar increíble porque aprende a convivir con las demás especies. Si están haciendo un trabajo con invertebrados, ellos salen y pueden ver de qué se trata. La educación debe generar asombro frente a la vida para protegerla”, añade Frankhauser. 

Al estar ubicada al interior de una Reserva Natural de la Sociedad Civil, la escuela Amalaka aprovecha el territorio como si fuera un laboratorio vivo de investigación y aprendizaje. / Foto: tomada de @amalaka_escuela

De esta forma, la institución plantea un modelo para afrontar uno de los principales retos del contexto educativo colombiano: la persistencia de brechas en materia de calidad y pertinencia de los programas frente a lo que demanda la vida diaria.

De hecho, voces expertas han recomendado, en espacios como El Futuro de la Educaciónevitar estandarizar las estrategias y espacios educativos; más bien comenzar a personalizar los currículums y la arquitectura teniendo en cuenta los contextos ambientales y culturales de cada territorio

Para los padres de familia, Amalaka ha sido un ejemplo exitoso de esta transformación. 

 Lila Solano, acudiente de una alumna vinculada al proyecto desde hace cinco años, comenta, por ejemplo, que este tipo de educación ha fomentado en su hija un amor por ir a la escuela y por la naturaleza. 

“Yo he visto muchos avances en mi hija, ahora socializa más sus ideas, ha logrado profundizar en sus intereses y tiene mayor diversidad de gustos (…) Creo que no necesitamos una educación que limite la creatividad, sino que haga que los estudiantes critiquen y propongan más”, comenta la acudiente. 

Los acudientes resaltan que ahora sus hijos tienen un mayor sentido de pertenencia por la naturaleza y sus recursos. / Foto: tomada de @amalaka_escuela

Los retos para la sostenibilidad del proyecto

La ampliación de la carretera nacional comprometería todos los esfuerzos de recuperación de la fauna y flora de la reserva. / Foto: tomada de @amalaka_escuela

A pesar del reconocimiento que ha recibido el proyecto por parte de entidades nacionales, y de que su caso ha sido reporteado por medios internacionales, la Escuela Amalaka enfrenta una disputa legal por unas hectáreas de terreno desde hace siete años. 

El problema, explican desde la institución, se desprende del proyecto vial para construir la doble calzada Popayán Santander de Quilichao, que requiere de 8.843 de los 125.100 metros cuadrados que pertenecen a la reserva. La intervención, además de echar al piso los años de trabajo dedicados a la restauración del ecosistema local, también pondría en jaque una quebrada que proporciona agua potable a la escuela, sus huertas y, por ende, algunas de las actividades pedagógicas de los estudiantes.

Nunca hemos estado en contra de la obra ni del desarrollo del departamento. Simplemente hemos solicitado que la construyan hacia el otro lado de la vía Panamericana actual. Ellos dicen que del otro lado habrá mayor afectación social pero eso es falso, del otro lado solo hay un motel; nadie vive allá. De este lado se estarían vulnerando los derechos fundamentales de la niñez y derechos colectivos como el agua», sentencia Frankhauser. 

Amalaka presentó a la ANI un diseño de planos alternativo para la carretera. No obstante, la entidad reiteró que con el proyecto la planta física de la institución no sufrirá daños. 

Frankhauser y un equipo de ingenieros rechazaron la respuesta. Por el momento, la escuela continúa buscando espacios de diálogo para llegar a un acuerdo, además de alternativas que les permitan sostener financieramente el proyecto y aumentar el cupo para que más niños y jóvenes de zonas rurales del Cauca reciban una educación con enfoque medioambiental