Este modelo empresarial, participativo y respetuoso de los ecosistemas, está dignificando el oficio de al menos 370 pescadores en cuatro departamentos del Caribe colombiano.
En un contexto donde la pesca artesanal ha sido desvalorizada y enfrentada a complejas dinámicas económicas y ambientales, Peskao Caribe, una organización que lleva trabajando con comunidades dedicadas a este oficio desde 2010, busca transformar el modelo comercial tradicional para, precisamente, llevar más beneficios a dichos grupos.
Su enfoque es dignificar el oficio de los pescadores artesanales y promover prácticas sostenibles que beneficien tanto a la comunidad como al medio ambiente, con acciones que respeten los ciclos reproductivos de las especies y garanticen la conservación de los ecosistemas marinos.
Detrás de la iniciativa está Jorge Caraballo, administrador industrial con maestría en gestión de organizaciones. Gran parte de su carrera, cuenta, la ha dedicado a la creación de modelos de negocio orientados a las comunidades pesqueras y agrícolas.

La inspiración para la iniciativa viene de una conexión familiar y personal. Su abuelo, Crispiniano Caraballo, y otros parientes, dedicaron su vida al oficio, legado que influyó profundamente en su visión. “Digamos que yo soy la tercera generación, la primera se dedicó a la pesca artesanal”, añade.
De ahí el interés que posteriormente amplió con una carrera profesional que lo llevó al desarrollo comercial de la línea pesquera, trabajando con compañías en Colombia y Latinoamérica, especialmente en países como México, Ecuador y Perú.
Esta experiencia le permitió profundizar en el ámbito de la comercialización de productos pesqueros, e identificar una serie de prácticas que benefician a las compañías por encima de los pescadores, quienes, a su juicio, son el principal eslabón de la cadena.
Por ejemplo, que muchos proyectos de asistencia técnica para pescadores carecían de acompañamiento constante, lo que dejaba a las asociaciones sin herramientas ni modelos de negocio que garantizaran su sostenibilidad a largo plazo.
También notó cómo los comercializadores se quedaban con un porcentaje significativo de las ganancias —márgenes del 30%, 40% o incluso 50%— por solo trasladar el producto, mientras que los pescadores, responsables de largas jornadas de trabajo y del esfuerzo de extracción, recibían una mínima parte de los ingresos. “Era injusto que quienes más trabajaban fueran los menos beneficiados”, concluye.

La asociación compite en un mercado dominado por grandes empresas que ofrecen productos similares a precios más bajos. «Entramos al mercado a competir de tú a tú con ellos en cuanto a precio, logística y calidad», afirma.
La distribución de pescado fresco desde las comunidades rurales, que en su mayoría no cuentan con vías de acceso adecuadas, es una tarea titánica. Jorge detalla cómo utilizan diferentes medios de transporte, como buses de la población y vehículos todoterreno, para llevar los productos debidamente empacados a Cartagena, donde se distribuyen directamente a restaurantes sin pasar por una planta de procesamiento.
En palabras del emprendedor, «un valor agregado que tenemos es que el producto es virgen, tal cual como llega de origen. No tiene tanta manipulación el pescado. Nuestros clientes son conscientes y les gusta recibir la materia prima directamente del mar hacia el restaurante».
A pesar de la dificultad, el mercado está cambiando. «Los clientes conscientes; están empezando a preferir productos frescos y de origen conocido, y están dispuestos a pagar un poco más por ellos», añade. Este cambio de mentalidad es fundamental para el éxito de Peskao Caribe.
Adicionalmente, existe un enfoque en la sostenibilidad. La iniciativa no acepta prácticas extractivas agresivas, como la captura de tallas mínimas o la pesca ilegal. Además, los pescadores que participan en el proyecto son parte de programas de reciclaje y conservación de ecosistemas marinos.
«Ser sostenible es pescar bien hoy para poder pescar mañana», comenta Caraballo al respecto.

El esquema refleja las complejidades y el compromiso de las comunidades pesqueras rurales que, a pesar de las limitaciones logísticas, han encontrado maneras ingeniosas de preservar la frescura del producto y mantener una cadena de suministro directa. Esta estrategia no solo beneficia a los consumidores, sino que fortalece la economía local y promueve prácticas sostenibles.
«La pesca no es solo un oficio; es una cultura que conecta al ser humano con el mar. Queremos que nuestras futuras generaciones sigan viviendo de la pesca, pero de manera sostenible«, concluye Jorge, con la esperanza de que el proyecto inspire a más comunidades costeras en Colombia y el Caribe.