La Academia de Esgrima de Machete y Bordón de Puerto Tejada, en el Cauca, mantiene unida a la comunidad del municipio a través de la práctica de este arte marcial colombiano, su conservación patrimonial, la etnoeducación y la difusión de valores.
La historia de los macheteros del Cauca, guerreros determinantes en las campañas libertadoras de Colombia y en las guerras civiles que tendrían lugar posteriormente en el país, llevó, con el paso de las generaciones, a la construcción de una tradición en torno a la práctica de la esgrima de machete, ligada profundamente a la cultura afrocaucana y al fortalecimiento comunitario, la educación y la actividad física.
Así lo explica Miguel Lourido, presidente de la Fundación Afrocultural de Esgrima de Machete y Bordón, y maestro a cargo de la academia, ubicada en el barrio Las Dos Aguas en Puerto Tejada. “Es una tradición que viene de nuestros abuelos, era la forma que tenían ellos de mantenerse activos”, cuenta, insistiendo en que “es una tradición de las guerras que se conservó y se transmitió”.
Ciertamente, este paso de los antiguos sistemas de combate a convertirse en deportes, expresiones culturales y vertientes filosóficas ha sucedido con diferentes disciplinas alrededor del mundo. “La esgrima de machete es un arte marcial colombiano, así como la China y Japón tienen los suyos propios”, cuenta Lourido, que, junto a otros maestros como su mentor, el ya fallecido Héctor Elías Sandoval, han dedicado años a conservar esta disciplina y conseguir su reconocimiento nacional.
Más que combate
Según explica el maestro, junto con su esposa Alicia Castillo –a cargo de la Casa del Cacao, el Centro de Memoria Afro Cultural donde se ubica la academia– y la comunidad del municipio, han perpetuado la práctica de la esgrima de machete incorporándole una carga cultural que va más allá de la enseñanza pura de las paradas, como se les denomina a las diferentes posturas de juego. Para lograrlo, hacen uso de movimientos únicos del juego de machete, que resuenan con los que se usan en el trabajo de campo y que, por su carácter rítmico, los llegan a integrar en danzas afro contemporáneas.
Además, el componente filosófico, ético y de valores es pieza fundamental en el proceso de aprendizaje en la academia. Según Lourido, “mucha gente, al hablar de machetes, lo primero que piensa es en violencia; pero aquí se enseña la esgrima para la defensa. En nuestra academia nadie agrede a otros”.
Ello consiste en la enseñanza del autocontrol con el uso del machete y el bordón –una vara de longitud media hecha a partir de madera de guásimo o guayabo, árboles de la región–, además del respeto por el conocimiento del otro, pues en palabras del instructor, “siempre hay alguien que sabe más que uno”.
Valga señalar también que esta práctica resalta por su inclusividad a la hora de recibir estudiantes. “La esgrima tiene una gimnasia hermosa que incluye a todas las edades”, asegura el maestro Lourido con respecto a la diversidad de sus aprendices y compañeros de entrenamiento. En los registros disponibles en sus redes sociales, es posible ver entrenamientos para los niños y niñas, hasta prácticas conjuntas entre jóvenes y adultos mayores.
Esgrima para entender la historia
Un componente central de los procesos que se llevan a cabo en la Academia es la etnoeducación desde el componente histórico de la disciplina. El experto sostiene su importancia diciendo que “en los ejércitos libertadores, muchos de los batallones estaban conformados por personas afro” y que es necesario visibilizar ese precedente para comprender el peso que tiene el arte marcial para el país.
Jennifer Quintero, gestora cultural y antropóloga de la Universidad del Cauca, tuvo contacto con la iniciativa a través de una experiencia que ella califica como ‘turismo académico’.
“Llegar allá, a la Casa del Cacao, es muy especial porque es como un museo comunitario. Tiene fotografías de pioneros de la esgrima de machete y bordón, libros y machetes muy antiguos. Y al fondo, está el espacio de don Miguel, es una experiencia completa”, describe.
Por esa línea, la antropóloga afirma que, pese a que la etnoeducación tardó en aplicarse en los territorios desde su legislación —esta está vigente apenas hace 32 años— ya está siendo ejecutada y se pueden observar sus efectos en la población. “Esto hace que los imaginarios cambien y empiecen a ser realidades. Reconocer que nosotros, como personas negras o afrodescendientes tuvimos tanto que ver en la construcción del país en el que vivimos hoy es importantes”, explica.
La identidad de lo afromarcial
Edgar Mosquera, licenciado en Educación Artística y practicante de esgrima de machete y bordón bajo la tutela de Lourido, se suma a ese sentimiento e insiste en que el carácter particular de esta disciplina radica en su condición de práctica afromarcial, término que aprendió de Alicia Castillo en la Academia y que se refiere a las raíces africanas de la misma.
Mosquera destaca lo identitario del arte marcial como pieza central en su objetivo de construcción de paz, puesto que, explica, el machete puede ser tanto una herramienta de defensa, como de trabajo. “Usted toma la decisión de si es un arma, parte de un juego de esgrima o si sirve para trabajar en la finca”.
De esta forma, el artista marcial enfatiza en la tradición oral como otro emblema de identidad de la práctica. “La parte de la oralitura, el término que utilizamos con Alicia, es fundamental. Así conoce usted el contexto, la historia de la esgrima y sus estilos, porque también tiene sus estilos y formas de moverse”. aclaró.
Precisamente, el abanico de recursos entre paradas y lances (las técnicas ofensivas) muestra una variedad que no tiene nada que envidiar a otras artes con múltiples variantes. Estas se conservan en la tradición oral de las comunidades del norte del Cauca y en manuales en forma de cartillas antiguas redactadas por maestros veteranos que practicantes como Mosquera o Lourido conservan y revisan con frecuencia.
Dentro del estilo de esgrima Español Reformado –característico por su uso del bordón y difundido en la Academia de Puerto Tejada– las técnicas son igual de diversas. En los libros de los expertos se encuentran paradas como La Doloreña, que busca tajos diagonales y transversales al vientre y la cabeza; o La Puerta, que ataca exclusivamente el lado desarmado del contrario.
Con ese material, añade el docente, se realizan múltiples acercamientos a instituciones educativas del territorio, también desde la identidad afro. “El cimarronaje que se da en estos territorios va muy vinculado a la esgrima de machete. Cuando usted la practica, va conociendo la historia de esos períodos de resistencia y se empieza a sentir orgulloso de eso. A los estudiantes les llama la atención y uno ve reflejada la historia en ellos”.
Crear paz desde lo productivo
Los proyectos productivos en torno a la práctica marcial en Puerto Tejada también se manifiestan como una forma de construcción de paz. Después de todo, la generación de un sustento para las comunidades a partir de sus gestas culturales contribuye en gran medida a su calidad de vida.
Para comprender esto Quintero explica desde las experiencias de turismo educativo que, “si bien yo considero que las manifestaciones tradicionales como la esgrima de machete y bordón son importantes, no pueden enmarcarse solo ahí, porque se quedarán en esa idea del folklore y de solo verlo y aplaudirlo”.
De modo que, la experiencia del aprendizaje integral de la esgrima en Puerto Tejada –que, según el maestro Lourido, atrae a expertos y artistas marciales de todo el mundo–, no necesita y no debe quedarse únicamente en la apreciación cultural, sino que tiene la posibilidad de aportar al desarrollo del municipio en más de un ámbito. Por ejemplo, vender una experiencia turística sin que deje de beneficiar a quien pasó años de su vida conservando esa tradición.
“Ellos ofrecen una experiencia de oralidad, de historia. También hay un toque de filosofía, pero también doña Alicia cocina. Entonces como que esto hace que haya una apropiación territorial”, añade la antropóloga.
En definitiva, el aporte de esta práctica a la construcción de paz en Puerto Tejada, las regiones aledañas, e incluso en otras dimensiones territoriales, se presenta a través de formas de aprender valores, crear futuros para los jóvenes practicantes, generar economía, un arraigo al territorio y la valoración de las enseñanzas tradicionales.
Actualmente, la Academia de Esgrima de Machete y Bordón de Puerto Tejada trabaja en conseguir la salvaguarda como patrimonio nacional al igual que otras artes marciales en sus respectivos países. En sus redes sociales publican participaciones en eventos culturales locales y nacionales, y encuentros internacionales de artes marciales que ayudan a mantener viva la conversación y alcanzar el objetivo.